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Capítulo 35

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SILVER LAKE

1:40 PM

—¡Oye! ¿Qué te pasa? —reclamé lanzándole de vuelta el enorme cojín que tan solo unos segundos atrás había recibido en mi rostro.

—¿Cómo preguntas eso? —exclamó—. Marivi, ¿por qué no me lo habías dicho? —Chloe estaba furiosa luego de que le contara la razón de mi desaparición, y de que Alex y yo habíamos decidido ser 'amantes'.

—¡Porque fue una decisión repentina! —me defendí—. Además, deberías de sentirte agradecida de que te lo dijera, no lo iba a hacer —confesé.

—¡¿Qué no lo ibas a hacer?! —Me lanzó otro cojín, pero alcancé a atraparlo antes de que me golpeara.

—Chloe entiende, no es una situación sencilla y tú no eres buena guardando secretos —respondí.

—Pero si soy tu prima, ¡como tu hermana! —reprochó—. No me pediste una opinión siquiera —dijo con molestia.

—¿Y qué me hubieras dicho? ¿Qué me hubieras aconsejado si te hubiera pedido tu opinión? —cuestioné. Su semblante cambió y se rascó la rubia cabeza.

—Creo que te hubiera dicho que te arriesgaras —murmuró.

—¿Y eso no fue lo que hice? Chloe, me estoy arriesgando con esto —repuse seria.

—Tienes razón —aceptó dejando de lado su enojo—. De todas maneras, siempre te has caracterizado por seguir lo que quieres, porque eso es lo que quieres ¿no? —inquirió observándome con detenimiento.

—Sí. Siento que vale la pena hacerlo —aseguré tomando un poco del café que reposaba en la mesita.

Ambas permanecimos en silencio durante varios minutos.

—No quiero sonar como una amargada, pero ¿qué pasaría si Sophie se llega a enterar? —preguntó.

—La verdad no sé. Es incierto lo que pueda pasar, Alex y yo no queremos pensar en eso.

—Entiendo —repuso dejando que el silencio se apoderara de la salita de su apartamento una vez más, me miró con ansiedad, como si quisiera decir algo, pero no se atreviera.

—¿Quieres decir algo? —le ayudé.

—Es que no quiero generarte un problema —dijo—. Olvídalo, no tiene caso. —Agitó su mano con indiferencia.

—No, Chloe, lo siento, pero ya me dio curiosidad. ¿Qué pasa?

—Estás segura de que... —Se detuvo—, no, olvídalo —replicó de nuevo poniéndose de pie.

—¿De que él me ama? —completé, también poniéndome de pie—. ¿Es eso? —Chloe asintió con desgana—. La verdad, creo que eso solo lo puede saber él con certeza. Es más, puede que ni él lo sepa. Lo único que sé es que yo sí lo amo, quizás él me ama, pero no con la misma fuerza que yo lo hago. Pero ayer y hoy sentí que no mentía cuando hablaba de esto. Sé cuándo miente, y eso me da seguridad —respondí con certeza.

—Tienes razón, tú lo conoces mejor que nadie. Es un gran hombre y ahora que lo pienso, ustedes se verían muy bien juntos. —Sonrió—. Espero que las cosas tomen un rumbo justo para los dos.

—Gracias, Chloe. Eres la única persona, aparte de él, en quien confío —declaré—. Por eso es que necesito tu ayuda —añadí.

—¿Mi ayuda? —repitió curiosa.

—Sé que esto que te voy a pedir puede ser algo difícil por tu trabajo, pero de verdad lo necesito —anticipé.

—¿De qué se trata? —quiso saber.

—Quiero que me acompañes a Inglaterra —respondí, me miró con sorpresa—. Por lo menos durante un par de semanas. Allí voy a estar rodeada de gente a quien no conozco y de Lane, necesito algo o alguien que me ayude a acostumbrarme. Eso sí, solo si puedes —apuré a agregar, aunque rogaba que su respuesta fuera afirmativa.

—Bueno, creo que puedo hablar en el bufete —meditó—. Me deben unas vacaciones desde hace un par de meses que no las pude tomar por un caso de homicidio, puedo solicitarlas —asintió.

—¿En serio? —asintió de nuevo—. ¡No sabes cuánto te lo agradecería! —repuse con alivio.

—No te preocupes, sirve que de paso me tomo un respiro. Hace mucho que no voy a Londres. —Sonrió, pero su sonrisa se esfumó al segundo—. Pero ¿cómo justificaremos mi presencia?

—Vaya, no había pensado en eso. —Pensé unos momentos, una idea iluminó mi mente—. ¡Ya sé! Diremos que... que te encargaras de ayudarme con lo del resfriado, que se me complicó y que necesito a alguien que me ayude con lo de los medicamentos y así —propuse.

—¿Cómo una asistente o algo así? —cuestionó.

—Sí, algo así —asentí.

—Bien. De paso también les puedo servir de celestina a ti y a Alex. —Guiñó un ojo con malicia mientras se llevaba la taza de café a sus labios. Reí por su ocurrencia y terminé con mi café.


LAX – L.A. INTERNATIONAL AIRPORT

5:53 AM

Días después estaba embarcándome en el avión que me llevaría hasta Londres, mi lugar de nacimiento.

Chloe se sentó a mi lado, yo escogí la ventana y Alex junto a Lane y el pequeño Elijah iban en los asientos del lado. No podía negarlo, la situación se tornaba demasiado incomoda.

El capitán dio la orden de abrocharse los cinturones y prepararnos para el despegue, obedecí y al subir mi mirada me encontré con la de Alex. Me guiñó el ojo con complicidad y no pude evitar que una sonrisa me llenara los labios. Chloe apretó mi antebrazo con familiaridad y agradecí en un mudo gesto su apoyo. De verdad valoraba su presencia en esos momentos. Mis ojos se desviaron hacia la ventana en el momento en que el avión empezaba a moverse con lentitud. En aproximadamente diez horas estaríamos sobre cielo londinense, el cielo que ví los primeros años de mi vida.

Mi madre siempre me aconsejó hacer lo justo, lo noble, lo bueno. Mi padre siempre me aconsejó seguir los deseos del corazón, decía que la vida merecía ser disfrutada tanto como se pudiera... Mi vida, como ya era fácil de asumir, se había regido siempre por el consejo de mi padre.

Si, también trataba hacer lo justo, lo noble y lo bueno, pero antes velaba por lo que anhelaba mi corazón y en esta ocasión no sería la excepción.

Sabía que las cosas no iban a salir bien, no había forma de que eso sucediera, sin embargo, estaba dispuesta a arriesgarme. Si Alexander lo estaba haciendo sabiendo que podía perder su matrimonio, esperaba que yo pudiera hacer lo mismo. Lo único que podía perder era su amistad, aunque si lo pensaba bien, y sin ánimos de parecer dramática, creía que si eso llegara a suceder, podría acabar conmigo.


El momento [in]oportuno #WeAreWorldHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora