La amistad entre un hombre y una mujer, el debate de siempre.
¿Qué tan cierto es eso de que un hombre y una mujer no pueden ser amigos?
¿Quien formuló aquella máxima? Y lo más importante, ¿por qué lo hizo?
El amor ha cambiad...
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1:00 PM
Los ojos me ardían de tanto llorar.
Justo cuando creía que no tenía nada más que sacar, las lágrimas me llevaban la contraria haciendo acto de presencia sin ser invitadas. Tanto así que creí que un diluvio inundaría mi auto.
Había salido casi que corriendo de la casa campo de Stuart después de la discusión que había tenido con Alex, y agradecí mentalmente que él hubiera traído su propio auto. Era tan masoquista que seguro me hubiera quedado a transportarlo después de lo que me había dicho.
Lo que me había dicho, recordé, me dolió como si cientos de cuchillos me hubieran atravesado el alma.
Y no, no estaba exagerando.
Sabía que quizás si me estaba adelantando, pero de alguna manera había acabado de descubrir que ese amor que nunca creí volver a presenciar después del amor que mis padres se tenían el uno por el otro aún existía, y que ese amor era Alexander. Había sido un descubrimiento bueno y malo a partes iguales.
Detuve el auto a la orilla de la carretera y me bajé a tomar un poco de aire fresco. Llevaba conduciendo poco más de una hora y solo quedaban unos kilómetros para llegar a Los Ángeles, pero necesitaba pensar antes de seguir conduciendo. Pensar y calmarme.
Si supe desde el primer beso en aquel callejón que las cosas no iban a seguir siendo como antes, sabía que con el segundo beso muchísimo menos. Él había dicho que no quería volver a verme y eso había sido lo peor que me hubiera podido decir. Peor aun que si me hubiera dicho que mis sentimientos no eran correspondidos en ninguna medida. Fue como una estocada en el momento más inesperado.
Sí, la discusión había estado fuerte, pero nunca me esperé que él saliera con eso.
Me recosté sobre uno de los laterales del auto y me senté en el asfalto caliente quemándome aun a través del pantalón, pero eso era lo de menos.
¿Cómo iba a saber que las cosas iban a dar un giro de esa manera? ¿Qué haría ahora?
Me encantaría desahogarme con alguien.
Oh no, ¡esperen! ¡Me acabo de pelear con mi mejor amigo!
¡Maldición!
Tal parecía que eso de enamorarme de mi mejor amigo iba a salir peor de lo que esperaba...
«Chloe», pensé.
Sí, no era mi mejor amiga, pero se acercaba mucho a eso.
Me subí rápidamente al auto y aceleré hasta llegar a la ciudad.