Capítulo 33

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LINCOLN HEIGHTS

9:40 PM

Era la primera vez, desde que tenía memoria, que encontraba un taxi de manera tan oportuna en las calles de Los Ángeles.

Llegué al departamento que había estado arrendando por los últimos meses y me arrellané en el sofá con una taza de chocolate caliente y una caja de pañuelos al lado. Alex había tenido razón y la brisa de la noche me había perjudicado aún más de lo que había empezado como un pequeño resfriado.

Un calor me recorrió todo el cuerpo al recordar la manera en la que nos habíamos besado desde que nos reencontramos. Saqué un pañuelo, soné mi nariz con fuerza mientras disfrutaba mi chocolate y tomé el control remoto buscando una distracción. No sabía cuántas rondas di por todos los canales hasta que decidí detenerme en un stand up comedy.

Dos horas después y cuando me resigné a que ninguna broma del programa iba a mejorar mi ánimo, apagué el televisor y decidí darme una ducha antes de dormir. Fumé un par de cigarros y cuando creí que era demasiado tarde me metí en las sabanas.

Abrí los ojos de golpe y maldije en voz alta. ¡No podía cerrar los ojos!

Cada vez que los cerraba, cada beso y caricia que había disfrutado de parte de Alex aparecía como una película en mi cabeza. Gruñí con molestia, abracé la almohada y hundí la cabeza en ella criticándome por ser tan débil.


DOWNTOWN L.A.

8:50 AM

Las ojeras que adornaban mis ojos eran testigo de la terrible noche que había pasado.

Casi no había podido dormir y cuando lo logré, los síntomas del resfriado se agudizaron. Pasé toda la madrugada estornudando y con una caja de pañuelos al lado, maldiciendo mi suerte.

Me di un baño de tina caliente, arreglé un poco mi aspecto y desayuné algo liviano para regresar al estudio. Por fortuna solo tendría que revisar las fotografías y acomodarlas para el posterior envío a la revista. Pasé por mi auto al taller, que se había descompuesto un par de días atrás, y conduje por las atestadas calles hasta llegar al edificio.

La cafeína no me estaba ayudando de la manera rápida y eficaz que solía hacerlo así que mi semblante era el de uno de los bichos esos que solía ver Chloe en su serie de televisión favorita. Subí por el ascensor y al llegar al piso busqué las llaves en mi bolsa mientras seguía caminando en dirección a la puerta. Tan distraída estaba que no fue raro que casi me diera un infarto del susto al encontrar a Alex esperándome.

—¿¡Dios mío, Alexander, quieres matarme de un susto!? —reñí aun con la mano apretada contra mi pecho. Como si eso pudiera obligarlo a que se calmara.

El momento [in]oportuno #WeAreWorldHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora