La amistad entre un hombre y una mujer, el debate de siempre.
¿Qué tan cierto es eso de que un hombre y una mujer no pueden ser amigos?
¿Quien formuló aquella máxima? Y lo más importante, ¿por qué lo hizo?
El amor ha cambiad...
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LONDRES, INGLATERRA
6:36 PM
Inglaterra era frío en esa época del año.
El viaje había sido tranquilo en su mayoría, y al llegar a Londres una camioneta nos esperaba. Grayson, el director, siempre disponía de una casa en la cual mi familia y yo nos hospedábamos durante las filmaciones. Chloe y Vicky también estarían allí.
Todos nos giramos y nuestros ojos cayeron en Vicky. Aunque intentaba ocultarlo, ese resfriado le estaba afectando más de lo que debería y eso me preocupaba.
Sacó otro pañuelo desechable y limpió su nariz mientras cruzábamos la puerta de la enorme casa. Durante las próximas semanas iba a estar en aquel lugar con mi "amiga-amante" y mi esposa compartiendo techo.
¡Vaya lio!, pensé mientras con mis ojos recorría el lugar, reconociéndolo.
La casa tenía dos pisos, era elegante y con un peculiar toque de antigüedad. Lane le indicó a Vicky que su habitación quedaría en el segundo piso junto a la de Chloe y nuestro hijo, y la nuestra quedaba en el primer piso al igual que la cocina, la sala principal, el comedor y la biblioteca. Todas las maletas tocaron el piso de la sala y otro estornudo llamó nuestra atención.
—Marivi, ¿te sientes bien? —Chloe la examinó con la mirada.
—Sí. Solo fue un estornudo —habló ella quitándole importancia.
—Pues yo no lo creo así —intervino Lane—. Te ves mal.
—Seguro el invierno te agudizó el resfriado, Vicky —repuse también observandola—. Deberías descansar —añadí.
—No me caería mal —aceptó.
Chloe enganchó su brazo a ella y siguiéndome, entramos a la habitación. No pude evitar mirar con alerta a Chloe cuando en medio de la disvariacion de Vicky, me atinó un beso en la comisura de los labios, pero entendí que Chloe ya estaba enterada de todo cuando ella le sonrió.
—¡Dios mío! ¿Así de mal me veo? —exclamó al pasar frente peinador. Tenía la nariz roja y los ojos hinchados y cristalizados.
—Creo que exageras, Vicky, no te ves mal —aseguré mientras le ayudaba a recostar en la cama.
—¡Awn! —ronroneó Chloe con ternura logrando que sonriera, Vicky le lanzó una mirada no muy grata—. Deja la apatía, mejor tomate esto —habló poniendo una pastilla en su mano y ofreciéndole un vaso de agua. Sin oponerse lo recibió y se arrellanó en la almohada mientras sus ojos se cerraban con pesadez.
La miré y sonreí justo antes de que se sumiera en la profundidad del sueño, para luego dejarla descansar y regresar al lado de Lane con el fin de desempacar todo y acomodarnos.