La amistad entre un hombre y una mujer, el debate de siempre.
¿Qué tan cierto es eso de que un hombre y una mujer no pueden ser amigos?
¿Quien formuló aquella máxima? Y lo más importante, ¿por qué lo hizo?
El amor ha cambiad...
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Vicky me recogió en su auto a eso de la una de la tarde, justo después de que terminara de almorzar, para tomar camino hacia la casa de campo de su jefe.
Como era de esperarse, Sophie se mostró algo recelosa por el hecho del viaje, pero le recordé que fue gracias a ella que decidí llamar a Vicky después de lo que había sucedido para retomar el contacto. Además, alegué el hecho de que me aburriría en casa mientras ella estuviera en Canadá, a donde también se llevaría a nuestro hijo, así que al final cedió.
Según me había contado Vicky, la casa quedaba a más o menos dos horas de Santa Monica, en el Rancho Cucamonga en San Bernardino. La boda sería en una semana y a pesar de los avances en la remodelación, aún faltaban varios arreglos.
—Eso es lo que me pidió Stuart, dice que quiere que plasme el paso de lo antiguo a lo nuevo en las fotografías —dijo Vicky mientras conducía—. Dice que esta vez es algo especial —agregó en tono de burla.
La miré extrañado. —Es normal que quiera algo especial, ¿no? Es su boda.
—La tercera Alex, ¡la tercera! —alegó mientras depositaba el cigarro que venía fumando en el cenicero del auto. Por un instante pensé en cogerlo y tirarlo por la ventana, pero no quería entablar una discusión y menos en carretera. Ella siguió hablando—. Desde que trabajo con él se ha casado dos veces, he sido su fotógrafa dos veces, ¡y las dos veces ha dicho que es algo especial! —Rio—. El fin de la historia, ya lo conoces.
—Entiendo —repuse, y en realidad lo hacía—. Algo enamoradizo, ¿no? —Asintió con vehemencia—, pero lo que no entiendo es porque si siempre pierde dinero con el divorcio, se sigue casando —murmuré.
—Yo tampoco lo sé —asintió—. En esta ocasión es diferente porque al parecer, él y su pareja decidieron firmar un acuerdo de bienes separados.
—¡Vaya! Quizás por eso diga que es especial, por lo menos sabe que esta mujer no se casa con él por dinero —supuse.
—En eso tienes razón, y no es por nada, pero la chica se ve que es buena persona —afirmó.
Pasaron unos minutos en silencio, solo con la música sonando en la radio. Beyoncé era una de las artistas favoritas de Vicky, y si no fuera por eso en realidad no sabría reconocer su voz.
Iba distraído en la manera en que Vicky tarareaba la canción y tamborileaba sus dedos sobre el volante, hasta que por fin me decidí a hacerle una pregunta que me martilleaba la cabeza.
—¿Y cómo va todo? ¿Sales con alguien después de lo del DJ? —quise saber.
—Todo tranquilo, pero hablando de Zack —Se detuvo unos segundos— hace unos días me llamó —respondió con una media sonrisa.