Capítulo 49

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WEST HOLLYWOOD

1:00AM

Una de las cosas que tenía en común con Deborah, la mamá de Ian, y por la cual llegué a pensar que lo nuestro funcionaría en su momento, fue la música. Ella tenía una voz prodigiosa, y aunque yo no me quedaba atrás, no había punto de comparación entre una preparación ardua como la de ella, y el cantar por hobbie, como lo hacía yo. Y aunque eran contadas las veces que tomaba un micrófono en mis manos con la disposición de cantar, las veces que lo hacía lo disfrutaba mucho.

Cosa contraria de lo que me había sucedido esa noche.

Aquella canción era una de esas canciones que podías disfrutar de escuchar, pero nunca de cantar. O por lo menos no sí su letra reflejaba lo que vivías en ese momento, como era mi caso.

Cada verso y cada estrofa logró oprimirme de una manera en la que pocas veces lo había estado, y el saber que Vicky estaba en alguna esquina del bar escuchándola también no me hacia nada bien. Fue por eso por lo que, tan pronto terminó mi interpretación, me lancé a buscarla. Ella tenía que saber que me dolía lo que estaba sucediendo.

Vicky parecía no escucharme, pero eso no me impidió que siguiera llamándola mientras intentaba llegar hasta ella.

—¿A dónde vas Alexander? —La voz de Sophie me hizo detener. Me giré y me sorprendió ver sus ojos enrojecidos por el llanto.

—¿Estas bien Soph?

—¿Cómo quieres que este bien, Alexander? —preguntó—. ¡¿Cómo demonios quieres que este bien?! —exclamó con rabia.

—Oye, cálmate. Vamos a hablar —propuse llevándola hasta uno de los laterales del lugar.

—¡Por supuesto que vamos a hablar! ¡Me vas a explicar que significó eso!

—¿De qué hablas Sophie? —pregunté con obvia confusión.

Sus ojos centellearon con ira. —No te hagas Alexander, ¡hablo de esa canción! —respondió señalando hacía la tarima donde una de las invitadas cantaba una versión mucho mas suave de uno de los mayores éxitos de Guns N' Roses.

Oculté el sobresalto que me invadió al escucharla decir aquello. —¿Qué? ¿Qué pasó con la canción? —La miré aparentando que no sabía de lo que hablaba.

—¿Por qué la cantaste, Alexander?

—Porque la gente lo pidió, ¿acaso no te diste cuenta?

—Sí, me di cuenta de que te invitaron a cantar, ¿pero esa canción? —Se cruzó de brazos—. No te hagas Alexander, ¡no soy estúpida! —farfulló.

—No te estoy entendiendo y por favor baja el tono —reclamé empezando a enojarme, aunque también temía. Sophie estaba a punto de descubrir todo—. Esa canción fue escogida al azar, ¡yo no tuve nada que ver! —me defendí.

El momento [in]oportuno #WeAreWorldDonde viven las historias. Descúbrelo ahora