La amistad entre un hombre y una mujer, el debate de siempre.
¿Qué tan cierto es eso de que un hombre y una mujer no pueden ser amigos?
¿Quien formuló aquella máxima? Y lo más importante, ¿por qué lo hizo?
El amor ha cambiad...
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RANCHO PALOS VERDES
7:00PM
—Esta mañana vinieron a hacer una limpieza general, así que no tienes porque preocuparte por el polvo o ese tipo de cosas. —Chloe abrió la puerta del apartamento y la seguí hasta el interior.
—¿El portero del edificio ya sabe que me voy a quedar aquí? —pregunté descargando la valija y la bolsa en uno de los sofás de la sala mientras Chloe encendía las lamparas brindando luz a las tinieblas.
—No te preocupes, ya esta enterado. —Con un tirón abrió las cortinas y luego las puertas que daban al balcón. El aire se impregno de inmediato de brisa de mar. Chloe inspiró hondo y giró hasta quedar frente a mi, sonriendo con satisfacción—. ¿Que te parece?
—Esta perfecto. Muchas gracias por dejarme quedar estos días aquí —repuse con sinceridad.
—No hay nada que agradecer, prima —aseguró acercándose y poniendo sus manos sobre mis hombros—. Quiero ayudarte. Quiero que estés mejor —expresó con seriedad. Asentí—. El refrigerador y la alacena tienen viandas suficientes para los días que piensas quedarte —avisó dirigiéndose a lo que recordaba como su cocina. Fruncí el ceño.
—No era necesario.
—Quise hacerlo y ya no puedes hacer nada. —Abrió el refrigerador y sonrió una vez mas con satisfacción. Cabeceé en negación—. Me encantaría quedarme esta noche, pero mañana temprano tengo una conciliación y aun debo estudiar un poco mas las opciones de mi cliente —repuso en medio de una mueca de disgusto—. ¿Segura que estarás bien aquí?
Sonreí en un intento de calmarla. —Sé cuidarme Chloe, no te preocupes. Ademas necesito este tiempo sola. Por lo menos antes de la cirugía, lo necesito.
Asintió con renuencia. —No te olvides de tomar tus medicinas —advirtió señalándome con insistencia. Puse los ojos en blanco y con rapidez la tomé del brazo llevándola hasta la puerta—. Si necesitas cualquier cosa puedes preguntarle al portero, es muy amable.
—Sí, sí. Deberías empezar a conducir ya si no quieres llegar tarde —hablé terminando de ponerla fuera del apartamento y empezando a cerrar la puerta. Su mano la detuvo y me miró confundida.
—¿Me estas echando de mi apartamento? —cuestionó.
—Chloe, tu y yo sabemos que sí no te vas ya, no te vas hoy —repuse sonriendo. Sonrió también.
—Esta bien, pero recuerda que también me puedes llamar si prefieres no hablar con el portero —advirtió.
—Vale, vale —asentí y seguí cerrando la puerta—. Muchas gracias por esto que estas haciendo prima, es importante y seguro te lo recompensaré en otra ocasión. Me escribes cuando llegues a Los Ángeles, y ten cuidado al conducir. Te quiero —alcancé a decir antes de cerrar por completo la puerta y poner mi frente contra ella.