No sé cuanto tiempo habré estado aquí, pero el sol parecía estar en lo más alto, así que debía ser media tarde. Esas dos mujeres se fueron y me dejaron sola en la habitación, supongo que debía esperar hasta la noche, a que él viniera. Espero que los Deltas estén bien, y que el Norte también...
Narra Alastair:
-Mi señor, no hemos encontrado ningún lobo.
-¿Ninguno?
-No, todos han huido. Ahora mismo es una ciudad solo de humanos.
-Increíble, esta es la primera vez que pasa algo como esto...-Apoyé las manos en la mesa y miré a los capitanes de cada escuadrón.
-¿Qué debemos hacer señor?
-Tsk, que aburrido... Nos olvidamos del Norte. No nos sirve una ciudad vacía.
-¿Retiramos a nuestros hombres?
-Sí, pero por si acaso...Revisad de nuevo toda la ciudad, y llevaron todo lo que encontréis en las casas de los lobos. Objetos valiosos, joyas, ya sabéis...Y revisad muy bien la casa de Elliot Greyback. No ha podido irse sin dejar algo.
-Sí señor.
-¿Qué hacemos con los Deltas?
-Dejadlos sin recursos un par de días, que les sirva de lección para la próxima. Poned más guardias en las entradas, que cambien de guardias. Vigilancia nocturna y revisión de casas de cualquiera que creáis sospechoso. Cuando acabéis, regresad y mañana me dais informes de todo.
-Sí, Alfa. -Fui al coche de nuevo y nos pusimos en camino de vuelta a casa. Ya tenía ganas de ver a mi preciosa Emily esta noche.
-Roger...¿Has hecho lo que te pedí?
-Por supuesto, señor, he mandado a dos Betas a que sirvan a la señorita Blake, y también he mandado que preparen el salón y la cena para ambos.
-Muy bien, por eso confío en ti amigo. Jamás me has fallado.
-Servir a su familia es un honor para mí.
Tardamos unas tres horas en volver, la carretera todavía seguía llena de nieve y ramas de árboles caídos por la ventisca, por eso tardamos un poco más de la cuenta. Cuando miré mi reloj al llegar, marcaban las nueve y cuarto, una buena hora. Entramos en casa, me arreglé un poco en mi despacho y subí para ver a Emily. Los dos hombres que había dejado vigilándola estaba frente a la puerta y en cuanto me vieron se hicieron a un lado. Les mandé que se quedaran en los alrededores y que nos dejaran a solas. Se fueron y abrí las puertas de la habitación, y cuando la vi sonreí muy sorprendido al verla tan guapa.
-Estás preciosa. -Me acerqué a ella y acaricié su mejilla. -Venga, no le he hecho nada a tus amigos ni a tus perros, ambos son tan cobardes que han huido. Así que...sonríe. Yo estoy dispuesto a perdonarte lo que hiciste ese día.
Cogí su mano y caminé hacia la puerta con ella. Bajamos y fuimos hacia el comedor, donde yo todo estaba preparado, con velas y unas rosas rojas en el centro de la mesa, y todo perfectamente cuidado y limpio. Uno de mis sirvientes vino con una bandeja y dos copas de vino, cogí las dos y le di una a ella.
-Esto es por ti, Emily. No soy tan mala persona, ¿verdad? -Nos sentamos a la mesa y comos siempre, yo me senté en uno de los extremos y ella a mi lado. -Podría ser alguien peor y meterte en una celda, o incluso matarte por lo que has hecho, pero prefiero olvidar esas opciones y perdonarte.
-Alguien que es malo, seguirá siéndolo siempre, aunque intenté ocultarse tras una máscara de amabilidad. -Nos trajeron la cena, y yo la miré serio, apoyé los codos en la mesa y junté las manos.
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Mi Pequeña Mate
WerewolfSin más un día, Elliot salió corriendo de una reunión de trabajo, para ir hacia el hospital donde le espera la mayor sorpresa de su vida. Una niña recién nacida que cambiará su vida a partir de ahora. La vida de Emily se volverá una completa locura...
