Solo un Beso

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Cuando abrí los ojos, la habitación estaba más iluminada y me di cuenta de que había un agujero por el que entraba la luz del sol. Al mirar hacia atrás vi a René todavía dormida, aunque ya no estaba agarrada a mí, sino que dormía profundamente a su aire.

Pero cuando me levanté algo me agarró la mano de repente, y al darme la vuelta vi que René no estaba tan dormida como parecía.

-¿Te vas a ir? -Al verla parecía triste, parece que no quiere que me vaya.

-Claro que no...bueno...me dijiste que tenías que contarme más cosas, ¿no? -Sonrió muy feliz y yo puse la misma sonrisa tonta.

-¡Que bien! -Dio un salto y salió de la cama. -Venga, vamos a desayunar con todos. -Tiró de mí y salimos de la cueva, bajamos hasta la ladera y allí vi como todos ya estaban empezando a trabajar.

-Oye René, tus padres no estaban cuando salimos...

-Mi padre está con el grupo de caza, y mi madre está trabajando en aquel lugar...Ella y otros hacen ropa. Mira, ¡ahí están mis amigos! Vamos rápido. -Nos acercamos a un grupo de personas; de más o menos de mi edad, que estaban desayunando alguna fruta. -¡Hola!

-Que escandalosa por la mañana, René.

-¿Es el nuevo del que hablaban ayer?

-Se llama Demian, y ellos son Jacob, Sam, Tay, Nami y Aria.

-Es raro que vengan extraños a la manada.

-Y se va a quedar. Así que le tenemos que enseñar todo esto.

-Espera, yo no he dicho eso. 

-Nosotros íbamos a las fuentes ahora, ¿os venís?

-Yo creo que él no quiere, ¿verdad Demian?¿Demasiadas mujeres te incomodan?

-Puedes dejar de hacer eso, por favor.

-¿Qué os pasa a vosotros dos?

-Yo tampoco puedo ir, tengo que ayudar a mi madre. -Una de las chicas se levantó, creo que era Nami, su pelo era incluso más claro que el de René, pero no llegaba a ser rubio, y sus ojos eran de un marrón clarito.

-Nos vemos.

-Claro. Adiós.

-Ven, te quiero enseñar algo. -René y yo nos fuimos también y entramos en el bosque.

Estuvimos toda la mañana y casi toda la tarde yendo de un lado para otro contando cosas sobre su manada, y también me enseñó lugares que era particularmente bonitos, había un río cerca, y una pradera, aunque ahora estaba cubierta de nieve. Aunque con el sol que estaba haciendo estos días, parecía que la nieve se estaba derritiendo.

-¿Qué piensas tanto, Demian?

-No, no es nada.

-Parecía que estabas distraído. Que rápido ha pasado el día, ¿verdad? Que hambre tengo, hoy vamos a cenar sí o sí. Tengo que ir un momento a hacer una cosa, puedes ir a la fuentes si quieres, por la noche no suele ir nadie. ¿Te acuerdas de por dónde ir?

-Sí, creo que sí.

-Genial, entonces nos vemos.

Ella se fue por otro lado y yo fui a dónde me dijo. Al menos podría estar solo y pensar con tranquilidad lo que estaba haciendo. No notaba la presencia de Alastair por ningún lado, tal vez ya se ha ido y solo vino anoche a comprobar que estaba aquí. Mejor, no quiero verle más.

Al llegar no vi a nadie, mejor para mí. Me quité la ropa y me metí en el agua, apoyé mi espalda contra una roca y empecé a pensar en sí lo que hacía estaba bien o no, no lo sé... De pronto escuché algo saliendo del agua y cuando me giré vi a Nami allí.

Mi Pequeña MateDonde viven las historias. Descúbrelo ahora