Cuando desperté estaba tumbada en el sofá, y no sentía a nadie a mi lado. Abrí los ojos y sentí que la manta estaba encima de mí y que él había desaparecido otra vez. Al mirar el reloj, marcaban las tres, pero fuera era de noche...Las tres de la madrugada. Escuché pasos acercándose y cuando me levanté vi a Alastair.
-¿Ya has despertado?
-¿Dónde estuviste?
-Andando por ahí, sin rumbo...supongo. -Se sentó a mi lado y dejó una taza de té en la mesa. -No quería despertarte.
-Es muy tarde.
-Deberías seguir durmiendo, Roger me ha dicho que no has dormido nada en toda la noche, por mi culpa.
-Te estaba esperando. Y tú también deberías estar durmiendo.
-No puedo dormir, hace años que he olvidado que es eso...
-¿Qué te ocurre?
-No pasa nada. -Esa sonrisa falsa de nuevo. -De verdad, ya está todo bien. Vamos a la cama, mañana hay que hacer las maletas, nos vamos a la casa de campo.
-Creí que nos iríamos en una semana.
-He decidido adelantarlo. Por la mañana tengo que atender unos asuntos, así que nos iremos por la noche. -Me estaba ocultando algo.
Al día siguiente él se fue temprano y yo hice la maleta, y en el bolsillo interior más escondido, escondí un cuchillo. Este siempre fue mi plan, ahora no puedo dudar. No puedo seguir soportando vivir en este juego, quiero irme. Dejé todo listo y la suya también estaba, y por la noche volvió con el coche. Cogió las maletas, las metió dentro y entramos los dos solos. Roger, los guardias, la ciudad, todo se quedó atrás. Estábamos completamente solos en esa carretera oscura. Estuvimos en el coche aproximadamente media hora, hasta que nos paramos. Hacía frío, así que me puse la chaqueta y salimos del coche y vi una casa de madera en perfectas condiciones y muy bonita. Entramos y por dentro era muy cálida y acogedora. Tenía un pequeño salón con una chimenea que ya estaba encendida, una mesa pequeña pero suficiente para los dos, y un sofá. Eso fue lo primero que vi.
-La habitación está al fondo, vamos. -Me llevó hasta ella, y cuando entramos vi una gran cama, con una manta por encima que parecía de piel de oso. Una cómoda, y una ventana que daba hacia la montaña, que no se podía apreciar demasiado bien por la oscuridad de la noche. -El baño es ese.
-Es muy diferente a la mansión. Incluso me gusta más.
-Si te soy sincero, yo también preferiría vivir aquí. -Dejó las maletas en el banco que había frente a la cama. -Iré a hacer algo de chocolate caliente, ¿te apetece?
-Claro, sería genial. -Salió de la habitación y aproveché su ausencia para cambiarme y ponerme el pijama. Me senté sobre el alfeizar de la ventana para ver mejor las vistas, cuando volvió y me dio mi taza calentita de chocolate. Se sentó justo en frente y me miró.
-¿Te gusta?
-Sí. Pero seguro que se verá mejor por el día.
-Si tu quieres...¿puedes quedarte esta casa?
-¿Quedármela?
-No te preocupes. -Pero con eso no me respondió a mi pregunta. -Las vistas serán mucho mejores cuando la nieve empiece a derretirse y todo se vea verde.
-Seguro será precioso.
-Lo es. Algo digno de recordar.
-Pareces cansado, es mejor que nos vayamos ya a dormir.
-Tienes razón.
Durante una semana, estuvo muy diferente a como era antes, pero parecía más tranquilo que cuando estábamos en la ciudad. La alacena estaba llena de comida, así que no pasaríamos hambre, y él traía leña para la chimenea. Hacíamos la comida juntos y salimos a dar paseos, no sé...todo era muy extraño. Por un momento llegué a pensar de que el hombre que estaba conmigo aquí no era Alastair. Había un ajedrez y por la tardas jugábamos, y a veces conseguía ganarle. También había algunos libros y nos pasábamos un par de horas leyendo antes de la cena. Esto no puede estar pasando... debo seguir con mi plan. Mañana se habrá acabado todo.
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Mi Pequeña Mate
Kurt AdamSin más un día, Elliot salió corriendo de una reunión de trabajo, para ir hacia el hospital donde le espera la mayor sorpresa de su vida. Una niña recién nacida que cambiará su vida a partir de ahora. La vida de Emily se volverá una completa locura...
