CAPITULO 22

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Me levante con un fuerte olor a químicos, té, una fragancia levemente dulce que no pude reconocer y un extraño sabor en mi boca.

Con el recuerdo de mi madre la noche anterior, las ganas de llorar aparecieron en cuanto abri los ojos resultando en algo casi que mecánico en los ultimos dias. Tan solo el sentir aquello, pintaba para no ser un buen día.

Me removi en la cama tapandome por completo, notando lo blanco que mi cabello estaba, perdiendo aquellos visos rosas naturales que solia tener deprimiéndome aun mas.

El sonido de la puerta siendo abierta hizo que me destapara para ver qué se trataba de Reiji sosteniendo una bandeja que de inmediato me hizo arrugar la nariz en señal de desagrado por el olor a garbanzo que desprendía aquella sopa. Odiaba esa comida.

–Ni se te ocurra hacer esa cara – regaño dejando la bandeja en el buro junto a mí.

–Suenas como Ruki – murmure por lo bajo observado por la ventana.

–¿Dijiste algo?

–No nada – conteste rápidamente tomando el plato una vez me incorpore, dándole un gran bocado para no contestar, evitando la mueca de asco.

–Parece que los Mukami te pegaron los malos modales – reprocho mirándome fijamente esperando a que me acabara todo el contenido del plato, entregándoselo una vez que trague lo último con suma dificultad mientras Reiji me pasaba ahora un vaso con agua y unas pastillas.

–Esto va para largo – suspire tomándome aquello sin refunfuñar mas.

–Rina, no pongas esa cara – acaricio mi mejilla suavemente disfrutando del reconfortante tacti, siendo interrumpidos por la puerta abriéndose, revelando a una Yui sonrojada al ver la pose en la que estaba Reiji quien al darse cuenta que nos miraba, bajo su mano lentamente dirigiéndose a ella con expresión seria.

–¿Qué se te ofrece? – inquirió educadamente al ver que no decia o hacia nada. Yui titubeo y escondió sus manos detrás de ella en un gesto inseguro.

–Me mandaron a ver si Rina ya había despertado. Todos están muy preocupados... incluyéndome – susurro lo último para sí misma siendo capaz de oírla con claridad. Dejandome llevar por la impulsividad del momento, hice un ademan hacia ella para que se acercara viendo cono obedecia bastante confundida.

–No soy buena pidiendo favores, así que tal vez sea la última vez que lo haga – la mire directamente a los ojos ocasionando que ella asintiera un tanto confundida esperando a que continuara – No quiero que mis hermanos me sigan viendo de esta manera, al menos no por hoy. Quiero que me ayudes a arreglarme un poco – los ojos de la rubia se abrieron enormemente desprendiendo casi chispas por los ojos de la emoción, escuchando la risa de Reiji detrás de mí para después dejar un beso en mi mejilla. Tome a Yui de la muñeca, jalándola con extrema facilidad para guiarla hacia el armario. Una vez Reiji abandonó la habitación me voltee para encararla, soltando una exhalación de sorpresa al ver la cara de mi madre sobrepuesta en la de Yui. Sacudí mi cabeza confundida y volví a abrir los ojos mirándola esta vez tal como era.

–¿Rina?

–No es nada – abrí las dos puertas dejando ver toda la ropa que habia en su interior. Mire a Yui y le sonreí con cierta malicia achicando por completo mis ojos en una fina línea – Tienes el control de esto. Lo dejo a tu criterio. – Los ojos de Yui brillaron y asintió acercándose a mi ropa.

Se decidió por un vestido crema con vuelo y encaje en la orilla de este llegándome a los muslos junto con unas medias blancas. Me calce los zapatos blancos con un poco de tacón y me senté en la silla del tocador.

Yui se dedicó a cepillar mi cabello delicadamente, cerrando los ojos ante la relajante sensación. Detuvo su tarea haciéndome abrir los ojos para descubrir como mi cabello había vuelto a tomar forma. Mi cara se veía tersa de nuevo, las ojeras debajo de mis ojos desaparecieron y mi cabello se veía abundante y sedoso.

La Pequeña SakamakiDonde viven las historias. Descúbrelo ahora