CAPITULO 65

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RAITO POV

Mirar aquel angelical y dulce rostro en total paz presa de un sueño profundo solo alimentaba las ganas de no volver a separarme jamas de ella.
El pecho aun me dolía a causa de su extrañeza hacia mí, llegando incluso a llenar mis ojos de lagrimas que me impedia a soltar por sentirlas tan ajenas a lo que siempre fui.
La habia extrañado tanto al borde de la locura, la había necesitado tanto como nunca nada. Nisiquiera Cordelia que habia sido el fruto de mí insano amor desde pequeño. Nada se comparaba a lo que provocaba Rina.

Verla acostada en la enorme cama que apenas y ocupaba una orilla de está haciéndola parecer más pequeña, me seguia generando un infinito amor que desconocía. Seguia deseandola, queria poseerla y tenerla para la eternidad conmigo pero en esta ocasion algo más crecía que generaba hasta cierta incomodidad en mí.

¿Asi se sentía el amor puro?

Desconocía, no sentía la necesidad de tener su cuerpo sino su mente, su tranquilidad, su paz. No queria tocarla pero si acariciarla.
Deseaba su felicidad pero aun sin admitir que eso significara alejarla de mí. Eso no podria permitirlo.
Acerque mi rostro al suyo y antes de que mis labios rozaran los suyos la puerta de su habitación se abrio de golpe provocando que la menuda vampira solo se removiera suavemente aun sin despertar.

–Sabía que no durarias nada en volver a ella.
La seca y amenazante voz de Karlheinz hizo que sonriera sin ganas mirandolo por arriba del hombro sin interes.

–Se los adverti...

–Ahorratelo, Rina aun no sabe nada – la mire con tristeza por unos segundos para volverme hacia aquel tipo – Asi qué no me amenaces.

–Estas enfermo Raito y todo por la maldita obsesion y enfermizo actuar de Cordelia – nego con odio logrando que asintiera borrando mí sonrisa llena de odio.

Tenia toda la razon, la culpa de que yo fuera lo que era habia sido de aquella mujer a la que en el pasado ame o pensaba amar, pero también de él por haber sido un asco de figura paterna. Toda la familia era la peor y mas retorcida version de él. La unica cuerda y llena de amor y cariño para dar era Rina.

Solo ella escapaba de todo y aun así terminaba manchada por todos.

–Lo único que lograrás con Rina es alejarla de ti – otra vez aquella maldita frase.

–Las cosas han cambiado, mucho a decir verdad – examine el rostro de Karlheinz y note cierto temor que solo confirmo mis temibles sospechas – Le has estado haciendo algo a Rina, ¿no es cierto, padre?

–Lo único que he hecho es protejerla de ti y de todo este infierno de mundo – escupió dirigiendo su mirada a la aun dormida mujer detras mío.

–¿Haciendo que exactamente? – levante los brazos señalando mi alrededor con curiosidad y sin entender del todo.

–Rina jamas debio pertenecer a todo esto, no ella.

Frunci el ceño aun mas confundido escuchando como la antes mencionada se removia esta vez más inquieta.

–Vete Raito, no hagas esto mas difícil.
–No puedes apartarnos del camino de ella. Eso jamas va a suceder y tampoco lo vamos a permitir– negué con cierto desespero de tan solo imaginarlo. Esos 5 años significaron la muerte en vida para todos. Rina era esa pequeña lampara, vela y luz que nos seguia guiando para no perdernos, para perderme.

–Entonces mantente al margen – señalo contundente con un ademan de su cabeza que indicaba la salida.

–Lo hare, – camine a la salida deteniendome antes de desaparecer – pero no puedes mantener al margen sus recuerdos, acciones y pensamientos. Eso ya no esta bajo el control de nadie, padre – pronuncie lo ultimo con cinismo abandonando el lugar.

La Pequeña SakamakiDonde viven las historias. Descúbrelo ahora