Mire al frente sintiendo el cosquilleo de la sangre aun bajando por mi sien. Torpemente y con la mano temblorosa la acerque a mi cara horrorizándome del dolor en cada centímetro de mi rostro.
Odiaba que en aquellos momentos mi cuerpo continuara con vida, deseaba con tantas ansias dejar de respirar o al menos de sentir.
Las ganas de terminar con aquello crecían.
Trate de mojar mis labios pero el ardor y la falta de saliva me detuvo casi de inmediato de hacerlo.
–Dios mio... – la sombra de alguien apareció frente a mis ojos apenas siendo capaz de ver con mi ojo izquierdo y a duras penas reconocer la voz de Irie – Vamos, ayúdame a levantarte – troto a mí lado y una vez que se agachó frente a mí me tomó por debajo de las axilas – A la cuenta de tres. Uno, dos y tres – Irie con mucho esfuerzo me puso de pie mientras yo gemia de un intenso dolor en todo mi cuerpo mientras hacía lo posible para seguir caminando.
Irie sin aguantar más mi peso casi muerto me soltó con algo de brusquedad sobre el colchón provocando un grito de dolor al recordar que seguía teniendo aquella cosa incrustada en mi ano. La mujer me miró con pena indicándome que me recostara para poder ayudarme.
De un tirón saco aquel objeto haciendo que pujara ante la sensación mientras mis manos apretaban la sabana debajo de mi.
–Listo – volvió a tomarme del torso y con fuerza volvió a tirar para hacerme quedar sentada y apoyada en la pared.
–Ayúdame por favor... – suplique levantando por fin la vista del suelo observando como ella fruncia el ceño en aflicción. Tomó una toalla que mojo en agua evitando mirarme a los ojos – Mi padre, el me va a sacacar de aquí, ¿cierto? – solté con una sonrisa esperanzada. El no iba a permitir que siguiera pasando todo esto. Me iba a salvar.
–Eso no va a pasar – Irie tomó asiento a un lado de mi bajando aún más la mirada notándose bastante apenada – El fue el que permitió que llegaras hasta acá.
Mi esperanza se vio siendo aventada por un barranco en cuestión de segundos.
–Sus ideales son aun mas fuertes esta vez. Quiere mantener la sangre pura. Es por eso que estas aquí, con los Tsukinami – mis manos no tardaron en empezar a temblar siendo presa del pánico total.
–Esa es la verdadera razón por la que estas aquí.
Comencé a negar sin querer seguir escuchando todo aquello, era como si se tratara de una broma de mal gusto. Tape mis oídos repitiendo aquellas palabras en mi cabeza de una manera enfermiza.
–No, eso no puede ser verdad – abrí los ojos a tope tomando a la mujer frente a mi de los hombros mirándola para que dijera algo – ¡Dime que no, por favor! – solloce aventando lo que había traído para curarme olvidando por completo el dolor – ¡¡Saquenme!! – brame histérica sientiendo que mi cabeza iba a explotar.
Irie se puso de pie asustada por cómo estaba actuando e incapaz de detenerme.
Tape mi rostro y comencé a balancearme de adelante hacia atrás como una bebe para tratar de tranquilizarme.
Tenía que ser una broma, tenía que serlo. Había escuchado mal, era eso, eso...
–Irie, vete de aquí – la demandante voz de Carla sono en la habitación provocando que tapara mis oídos al sentir como me taladraban los tímpanos la voz de aquellos dos tipos – Quiero pensar que ya sabes todo. Ese a sido el plan desde un principio – negué cómo si tuviera un tic sin parar de balancearme esta vez con más fuerza – Tu padre siempre a estado desquiciado y tu no te quedas atrás. Sabiendo eso, me voy a encargar de que sepas todo.
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La Pequeña Sakamaki
VampireRina Sakamaki al tener una vida llena de lujos y comodidades, tendra un giro completamente distinto y agresivo del que alguna vez se imagino. Los Mukami llegan y con ellos un sin fin de escenas y sentimientos. ¿Que pasara con la joven y hermosa vamp...
