CAPITULO 53

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Al llegar a la casa Mukami lo que pensé que era una sospecha, se convirtió en algo real al ver la mansión completamente destrozada y llena de sangre con pedazos de madera y vasijas rotas por todos lados esperándome lo peor ante la primer vista que tenia de aquel lugar.

—Azusa, ¿Qué paso? — hable con la voz entrecortada aun con el dolor que abrasaba mis manos. El ruido de cosas romperse en el piso superior fue suficiente para que los dos saliéramos corriendo por las escaleras evitando soltar un grito de susto al encontrarme con una escena para nada esperanzadora.

Kou, Ruki y Yuma estaban peleando con unas enormes criaturas que asemejaban a unos enormes lobos, pasándose del tamaño normal, quienes lanzaban mordidas y gruñidos violentamente hacia ellos.

Kou, Ruki y Yuma estaban peleando con unas enormes criaturas que asemejaban a unos enormes lobos, pasándose del tamaño normal, quienes lanzaban mordidas y gruñidos violentamente hacia ellos

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—¡¡Azusa!! — Grito Ruki al verme parada a un lado del recién nombrado — Es peligroso, váyanse de aquí.

Los lobos al escuchar el sonido de la voz de Ruki voltearon rápidamente a mí dirección clavando sus ambarinos ojos en los míos gruñendo aún más fuerte y aullando, poniéndome la piel de punta.

—¡¡Vete!! — ordeno Yuma quien se quitó a un lobo de encima propinándole un puñetazo en el torso.

Azusa parpadeo volviendo a sus sentidos tomando mi mano para jalarme fuera de ahí. No sabía que estaba pasando pero estaba asustada y desequilibrada en todo el sentido de la palabra. Tenía muchas dudas y estaba claro que no todas iban a poder ser respondidas.

Todo se estaba saliendo de control y se me estaba yendo de las manos. Después de dejarme llevar por mis pensamientos parpadee al ver que todo a mi alrededor estaba totalmente obscuro sintiendo solamente la presencia de Azusa a un lado de mí temblando ligeramente igual o más asustado que yo.

—Iré a ver qué está pasando — murmuro después de un largo silencio en donde los golpes y fuertes sonidos persistían por fuera del pequeño cuarto.

—No vayas — susurre tragando saliva sintiendo mi boca seca, estirando mi mano hacia la bruma negra sin saber exactamente lo que quería sostener teniendo la esperanza de toparme con la mano de Azusa.

—Prometo volver — la puerta fue abierta dejando pasar un haz de luz iluminando el cuarto por solo unos escasos minutos.

La mansión quedo en un silencio sepulcral provocando que la piel de mis brazos se erizara ante lo abrumador del lugar.

Tomando valor y tranquilizándome al pensar en cosas positivas, abrí la puerta mirando a los lados del pasillo notando que solo había rastros de sangre y objetos rotos por toda la extensión del pasillo, dándome la pauta para salir a pasos inseguros caminando hacia la izquierda evitando hacer cualquier sonido que atrajera la atención de aquellas criaturas.

Antes de poder doblar el pasillo, un gruñido hizo que me detuviera abruptamente volteándome lentamente para abrir los ojos ante el animal que estaba a unos metros de mí, enseñando sus feroces colmillos de una manera bastante agresiva como para hacerme retroceder del miedo. Este aulló siendo una señal para empezar a correr velozmente quedándome estática al ver como una figura aparecía frente a mí bloqueando el ataque que estaba por recibir. El impacto del golpe hizo que cayeramos al suelo quedando Ruki encima mio y el animal a un lado de nosotros con un notable hoyo en el pecho claramente muerto.

La Pequeña SakamakiDonde viven las historias. Descúbrelo ahora