Hilarante.
Hilarante y humillante. Esas son las palabras con las que defino el encargo que me obligo a aceptar ese estúpido dios dragón...
¿Que quién soy? ¿Acaso no has leído el título? Bueno, me tocará presentarme, soy Tarkay, la más poderosa hechicera de este mundo, o al menos una de las más poderosas...
¿Cómo? ¿Que eso no os dice nada? Vosotros queréis causarme depresión ¿no es así? Bueno, supongo que me tocará una presentación más completa...
Empecemos desde el principio.
Mi nombre es Tarkay, y soy una elfa (bueno, para ser exactos ahora mismo soy una elfa vampira, pero aun no llegamos a ese punto). El caso es que nací hace mucho tiempo, para ser exactos, casi un milenio antes de la guerra de los dioses primales en la que se vieron involucradas la mayoría de las especies del planeta.
El caso es que ya al nacer fui repudiada y odiada por los míos, que en aquellos tiempos eran más supersticiosos si cabe... ¿El motivo? Nací con el pelo oscuro (para ser exactos, marrón oscuro).
Sip, solo ese rasgo fue motivo de exclusión social de parte de los míos, al parecer ese rasgo atrae la desgracia a las personas cercanas al elfo que lo posee. En cuanto a esto, solo puedo decir que, si no me hubiesen repudiado, si no me hubiesen vendido como esclava, seguramente la desgracia nunca hubiese llegado a ellos. En su lugar, me vendieron como esclava a alguien que lo pidió, un ser de una raza emparentada con los demonios, pero más poderosa y menos prolífera, un vampiro.
Dentro de las dos opciones disponibles, ahora me alegro de que fuese esa y no la otra. Por si os preguntáis cual era la otra, era una ejecución pública. Lo creáis o no, en su momento deseé que hubiese sido esta última, ¿El motivo? Bueno, digamos que el vampiro no era precisamente un alma de la caridad precisamente.
Cuando el vampiro me compró, tendría unos veinte años, edad a la que se considera adulto a un elfo, además de la edad a la que se ejecutaba a aquellos cuyo pelo fuese de un color oscuro.
Zarkatul Vi Rassell, que así se llama el susodicho vampiro, se encargó de convertir mi primera centena en una constante tortura. Todo empezó el día, bueno, perdón, la noche en la que me convirtió en vampira.
¿Por donde debería empezar a contaros? ¿Por cuando me torturaba de cada forma que se le ocurría para saciar sus instintos de sádico? ¿Por la parte de ser su esclava sexual sin posibilidad ni de resistirme ni de negarme debido a su control mental? ¿O por la parte en la que combinaba ambos? Si, se podría decir que Zark (es mucho más cómodo llamarlo así en lugar de ''Zarkatul Vi Rassell'' y es el nombre más usado para referirse a él, añadiendo la parte de conde, claro está) creó el bondage en mi mundo.
¿Conocéis el síndrome de Estocolmo? Hacia mi segunda centena y por un largo, largo, larguísimo período de mi vida, yo lo conocí de primera mano. Efectivamente, me encariñé con Zark, inclusive se podría decir que lo amé. Bueno, yo y un montón de chicas (y chicos) más, que estaban también bajo su control y, por qué no decirlo, en su harem.
Fue durante este último periodo que Zark decidió que ya era hora de reclamar el trono vampiro, y para ello tenía que acabar con la competencia, además de con los enemigos que ya tenía y con aquellos que miraban con malos ojos a los vampiros.
¿Y cuál fue su solución? Entrenarnos. Muchos antiguos héroes y campeones poderosos se habían enfrentado a Zark antes (para luego engrosar su harem), por lo que ya contaban con experiencia de combate y un estilo de pelea propio.
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The invencible Rex
FantasyItami, un otaku quien tiene que lidiar en su vida con continuas palizas de sus compañeros y a los ojos de sus propios padres parece no existir, obtiene una nueva oportunidad después de que un misterioso evento le hiciese reencarnar como un huevo en...
