- Nadie le ha visto nunca fuera de las reuniones. Se mantiene alejado y espera pacientemente la hora adecuada para hacer su aparición.
Trago saliva. No parece un hombre de fiar. Me estremezco. Todos quieren parecer tan cómodos, pero sé que bajo esa superficie hay muchas tensiones ocultas.
La partida empieza y todo el mundo permanece atento al centro. Yo no puedo concentrarme en la partidas y las normas del juego se mezclan en mi cabeza.
- Bryce y Cam son los mejores, todo hay que decirlo. Ash le animó a participar porque casi nunca ganaba. Bryce siempre le da un tanto por ciento cuando gana. Así le tiene contento. No quiere perder la oportunidad de participar en estas partidas, las demás son para principiantes en comparación.
- ¿Desearías participar? - Le pregunté, alzando una ceja.
- No. Me siento satisfecho solo con verlo. Eres una privilegiada, deberías darle las gracias a Bryce. - Mi boca se transformó en una mueca desagradable. Preferiría cortarme una mano antes que darle las gracias.
- ¿ No le preocupa que Bryce pueda desbancarlo algún día?
- A Bryce no le interesa el poder en las bandas, solo la pasta y ganar.
- ¿ Pero todo esto no es por las drogas? - Susurré.
- Lo importante es el dinero que da la droga. - Musitó Jason en mi oído. - Y las zonas a las que puedas acceder para vender. - Añadió guiñándome un ojo.
Volví a tragar saliva. Intenté focalizar mi atención en la partida y no pensar en nada más. No quería pensar en qué ocurriría si nos encontraban allí. ¿Llevaban pistola? Por favor, que acabe ya todo esto. Me notaba las manos frías, hice otro trago a la bebida con la esperanza de que me calentara por dentro.
Durante la partida se echaban chistes y se explicaban situaciones que era mejor no repetir. Pero a medida que las apuestas subían, las conversaciones disminuían y el ambiente se tensaba.
- Así que... tienes otra novia Bryce. - Cam le miró, pareciendo interesado en la conversación, cuando probablemente estaba pensando en cómo ganar la partida.
- En realidad, no es mi novia. - Le contestó éste con una sonrisa ladeada. El tipo forrado del traje caro se carcajeó.
- No me sorprende. Se nota que la chica tiene buen gusto.
Sentí un súbito calor en mis mejillas. Estaban hablando de mí como si no estuviera. Me removí en la silla. Podría escapar de ahí, debería hacerlo antes de que se complicaran las cosas pero nadie se movía.
Entonces llegó la partida que estaban esperando todos. Bryce y Cam iban a jugarse una zona de venta. Ash jamás apostaría su reino. Organizaba las reuniones, cedía el lugar y garantizaba la seguridad y Tom mucho dinero. Se decía que esa zona proporcionaba buenas ventas y como Cam tenía algunas, se divertía jugando con ellas. Un hombre seguro de sí mismo.
A medida que progresaba la partida, Bryce iba poniéndose más nervioso. Jason me había dicho que él quería quedarse con la zona, no simplemente que se la cedieran. El ganador solo se quedaba la zona durante los tres meses entre partida y partida.
- Te propongo un trato Bryce. Si gano, te cedo igualmente nuestro pequeño tesoro a cambio del número de teléfono de la chica de ojos chocolate. - ¿Ésa era yo? ¿Por qué quería mi número? ¡Ni siquiera me había mirado por el amor ds Dios! No me había puesto provocativa ni nada por el estilo.
- Te has quedado prendado de ella, ¿verdad? - Le dijo Bryce, mofándose de él. - ¿Qué pasa si gano yo?
- Te quedas la zona y doblo el dinero que has ganado hasta ahora.
- Y tú te quedas sin su número.
- Por supuesto.
- ¿De verdad estás dispuesto a perder toda esta pasta por un número de teléfono?
Bryce se lo estaba pasando en grande. La cara de incredulidad de Bryce reflejaba la de todos los demás. De repente, Cam cambió el semblante por otro de más severo.
Antes había sabido camuflar bien todo lo que sentía, su rostro mostraba siempre algo que no era real. Pero en ese momento, la expresión era sincera. No sabría decir porque tenía esa certeza. Sus ojos se volvieron más duros y la tensión en su cuerpo era palpable.
- ¿Desde cuándo bromeo yo en esto Bryce? Si no eres consciente de la magnitud de la apuesta, será mejor que tú mismo te retires. ¡Lo que digo, lo cumplo!
Esto último lo remarco con un golpe en la mesa. Tragué saliva. Estaba empezando a aterrarme. Ahora deseaba que Bryce ganara la partida, a cualquier precio. Aunque bueno, siempre podía cambiarme de número. No me gustaba la sensación que me transmitía saber que había despertado el interés de un hombre como aquél.
Necesitaba calmarme y no sabía cómo. Jason tenía tanto miedo como yo. Bryce cerró la boca y continuó con la partida. Después de lo que parecieron horas, llenas de angustia por mi parte, Bryce ganó la partida.
Se dieron la mano, arreglaron los premios y Cam se largó a toda prisa. Es posible que si se hubiera estado un rato más hubiese acabado rompiendo algo o a alguien. Bryce estaba entre eufórico y extasiado. Nos invitó a unas copas y chupitos en el bar que permitía ilegalidades pero yo solo quería largarme. Deseaba descansar y dormir muchas horas.
Empecé a andar por ese barrio que se caía a pedazos. Bryce, entre su segunda y cuarta copa, me dijo que le gustaría que volviera para entretener a Cam. Que había triunfado gracias a mi cara bonita. Yo no creía que fuera por eso pero no sabría decir qué otra cosa podía ser.
Cogí mi bolso de su coche y me largué de allí. Mientras caminaba intentando orientarme, se paró un coche de policía a mi lado.
- ¿Gina? ¿Qué haces por este barrio a estas horas de la madrugada? ¿Estás loca? - Era Jeff, por supuesto. Había bajado la ventanilla del copiloto para hablarme.
- ¡Buenas noches Jeff! Hola agente. - Contesté mirando a su lado.
- Anda sube, te llevamos a casa.
- No es necesario.
- No era una pregunta, sube al coche. Tenemos prisa. - Alcé las manos en alto, en señal de rendición. ¿Por qué siempre lo encontraba de esa guisa?
- Vale, vale. Tranquilo, ya entro.
- ¿Hoy no habías quedado con Bryce? - Me interrogó nada más atarme el cinturón en el asiento trasero del coche.
- Sí. - No quería hablar con él de este tema.
- ¿Y qué hacías sola ahora? ¿Te ha dejado tirada por ahí?
- He descubierto que no es buena compañía.
- No, eso ya lo sabías.
- Quería darle una oportunidad.
Vi como ponía los ojos en blanco. Para ese entonces, ya habíamos llegado a mi calle. La ciudad estaba vacía a esas horas. Salió del coche antes de que pudiera quitarme el cinturón y me abrió la puerta para que bajara.
Me sorprendió el gesto. No, no me sorprendió, solo me encantó. Pero era algo natural en él. Me acompañó hasta el portal.
- Descansa Gina. - Me apartó el pelo de la cara y yo me quedé petrificada. Mi corazón latía a mil por hora aun cuando él subía al coche. Antes de que cerrara la puerta, le grité:
- ¡Dime algo cuando llegues a casa!
Él cerró la puerta y creo que le vi reírse. Entonces recordé que estaba trabajando, que no había salido con él y me palmeé la frente; ¡qué estúpida!
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Caminar Juntos
Storie d'amoreGina se ha enfrentado al mayor reto de su vida: la muerte de su madre. No le ha quedado más que sobrevivir. En su ciudad solo encuentra los fantasmas de su vida con su madre. No tiene nada. Decide mudarse y recomenzar para que su tristeza no la hu...
