Capítulo 47✔

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El 4 de julio llegó, y estábamos más que preparados para cualquier cosa.

La celebración transcurría bien, hasta que un hombre empezó a disparar a todos lados haciendo que las personas salieran corriendo para protegerse.

Nosotros empezamos a buscarlo, pero el muy maldito se escapó entre la multitud de personas que corrían, hasta que vimos a un coche salir hecho una bala del aparcamiento.

Inmediatamente tomé las llaves de la patrulla, la encendí y salí detrás del coche hecha una furia.

Estaba en una persecución policial nuevamente, me fascinan las situaciones peligrosas y esa sensación de coraje y adrenalina recorriendo mis venas.

Esquivaba los coches para no causar problemas.

Más patrullas nos seguían y me hablaban a la radio constantemente.

Rick llevaba otra patrulla, y cuando éste se metió en un callejón, él lo sorprendió del otro lado del callejón.

El tipo detuvo el auto muy precipitadamente, aún así alcancé a salir del coche equipada. Ya todos los demás los rodeaban con sus pistolas apuntándole y con el dedo en el gatillo.

—¡Al suelo!— grité. —¡Deshazte del arma ya!

El tipo soltó el arma mientras yo no bajaba la mía.

Otros chicos se encargaron de esposarlo y subirlo a la patrulla para llevárselo.

—Buen trabajo agente— susurró Rick cerca de mi oído. Sentirlo tan cerca me hizo estremecer, y eso se sentía extremadamente bien.

—Gracias, ustedes no estuvieron mal— guardé mi arma y acaricié su mejilla.

—Es nuestro trabajo— guiñó.

Tomé camino a la patrulla para regresar a la estación.

Tendría que interrogar al criminal pronto.

Audrey.

Sabía perfectamente bien que esta fecha era la fiesta en el país. Ya tenía meses encerrada y me lamenté por haber dejado escapar la oportunidad de quedar en libertad.
¿Acaso creyeron que allá finalizaba Audrey Prescott? ¡Pues se equivocaron y bien!

Llevaba semanas planeando esto, y al fin llegó el día. Estar encerrada en la prisión era todo un martirio y un asco sobretodo.

Recorrí los abandonados pasillos de la prisión hasta llegar a donde yacía el guardia dormido como siempre.

Preparé lo que utilizaría, y ágilmente alcancé las llaves y abrí la compuerta. El asqueroso viejo gordo que era el guardia despertó, pero yo le di un golpe en la cara tan fuerte que cayó al piso y quedó inconsciente.

¡Llegó la hora!

Fui a la lavandería donde ya me esperaba un traje de policía. La señora que fue mi cómplice y me ayudó a conseguir ese traje de agente del FBI, era la lavandera y por supuesto recibió su pago, después de todo mi amigo no había sido tan estúpido y me pasó el dinero.

Éste escape fue más fácil de lo que creí. Tenía que fingir arrepentimiento, después de todo Riley era tan imbécil que se creyó todas y cada una de las palabras que dije.

Me abrí paso entre los guardias tranquilamente, dije que era agente y me dejaron ir.

Volví a pisar suelo fuera de la prisión.

Oxigené mis pulmones. —Libertad— dijo mi subconsciente.

Ahora sí, a arreglar mis pendientes con Riley Prescott.

Agente PrescottDonde viven las historias. Descúbrelo ahora