El 4 de julio llegó, y estábamos más que preparados para cualquier cosa.
La celebración transcurría bien, hasta que un hombre empezó a disparar a todos lados haciendo que las personas salieran corriendo para protegerse.
Nosotros empezamos a buscarlo, pero el muy maldito se escapó entre la multitud de personas que corrían, hasta que vimos a un coche salir hecho una bala del aparcamiento.
Inmediatamente tomé las llaves de la patrulla, la encendí y salí detrás del coche hecha una furia.
Estaba en una persecución policial nuevamente, me fascinan las situaciones peligrosas y esa sensación de coraje y adrenalina recorriendo mis venas.
Esquivaba los coches para no causar problemas.
Más patrullas nos seguían y me hablaban a la radio constantemente.
Rick llevaba otra patrulla, y cuando éste se metió en un callejón, él lo sorprendió del otro lado del callejón.
El tipo detuvo el auto muy precipitadamente, aún así alcancé a salir del coche equipada. Ya todos los demás los rodeaban con sus pistolas apuntándole y con el dedo en el gatillo.
—¡Al suelo!— grité. —¡Deshazte del arma ya!
El tipo soltó el arma mientras yo no bajaba la mía.
Otros chicos se encargaron de esposarlo y subirlo a la patrulla para llevárselo.
—Buen trabajo agente— susurró Rick cerca de mi oído. Sentirlo tan cerca me hizo estremecer, y eso se sentía extremadamente bien.
—Gracias, ustedes no estuvieron mal— guardé mi arma y acaricié su mejilla.
—Es nuestro trabajo— guiñó.
Tomé camino a la patrulla para regresar a la estación.
Tendría que interrogar al criminal pronto.
Audrey.
Sabía perfectamente bien que esta fecha era la fiesta en el país. Ya tenía meses encerrada y me lamenté por haber dejado escapar la oportunidad de quedar en libertad.
¿Acaso creyeron que allá finalizaba Audrey Prescott? ¡Pues se equivocaron y bien!
Llevaba semanas planeando esto, y al fin llegó el día. Estar encerrada en la prisión era todo un martirio y un asco sobretodo.
Recorrí los abandonados pasillos de la prisión hasta llegar a donde yacía el guardia dormido como siempre.
Preparé lo que utilizaría, y ágilmente alcancé las llaves y abrí la compuerta. El asqueroso viejo gordo que era el guardia despertó, pero yo le di un golpe en la cara tan fuerte que cayó al piso y quedó inconsciente.
¡Llegó la hora!
Fui a la lavandería donde ya me esperaba un traje de policía. La señora que fue mi cómplice y me ayudó a conseguir ese traje de agente del FBI, era la lavandera y por supuesto recibió su pago, después de todo mi amigo no había sido tan estúpido y me pasó el dinero.
Éste escape fue más fácil de lo que creí. Tenía que fingir arrepentimiento, después de todo Riley era tan imbécil que se creyó todas y cada una de las palabras que dije.
Me abrí paso entre los guardias tranquilamente, dije que era agente y me dejaron ir.
Volví a pisar suelo fuera de la prisión.
Oxigené mis pulmones. —Libertad— dijo mi subconsciente.
Ahora sí, a arreglar mis pendientes con Riley Prescott.
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Agente Prescott
No Ficción¡HISTORIA APTA PARA TODO EL PÚBLICO! Riley Prescott se convierte en agente del FBI. Su principal objetivo era conseguir el puesto de agente especial, un trabajo que la apasionaba. Ella trabaja en colaboración con otros agentes en la investigación d...
