-Vaya heridas que te hiciste- dijo Rick al colocar antiséptico en mi herida del brazo.
-Bien valió la pena señor Ackerman- sonreí.
Estábamos en nuestra habitación al borde de la cama, Rick negaba con la cabeza. Me confesó que le había asustado cuando supo que mi coche había explotado, pero no paso más allá que sólo raspones y una que otra herida.
Él se levantó a contestar su teléfono y yo me acerqué a la ventana. Ahí abajo vi pasar a la vecina con su esposo, llevaban una carreola y el señor cargaba a su hijita. Me dio mucha ternura esa escena, ambos padres jugueteaban con la pequeñita de piel morena y se veían muy felices.
-¿Qué ves?- dijo Rick colocándose una gorra.
-A los vecinos, mira que ternura- se puso a mi lado y contempló la misma escena.
-Se ven lindos, a eso le llamo una familia- dio un paso atrás.
-Lástima que nosotros no podremos formar una así- me encogí de hombros.
-¿Porqué no?
-Porque el trabajo no nos permite cuidar de un bebé, es... sería algo complicado.
-Eso es cierto. Ambos tenemos trabajos arriesgados y que nos absorben todo nuestro tiempo.
-Y dependemos completamente de dios para regresar con bien a casa.
-Es verdad... como por ejemplo ahorita me mandaron a llamar para interrogar a un criminal y quién sabe si al rato no te llaman a ti.
-Y hay días que ni siquiera nuestras sombras se aparecen por aquí.
-Sí... bueno ya veremos qué dice el tiempo, debo irme querida.
-Que te vaya bien- le di un beso y él se fue.
Pasaron más meses y el caso de Audrey era algo que me mantenía ocupada todo el tiempo.
Pero yo no podía infiltrarme en su banda porque no teníamos mucha información de ellos.
Hasta que un día nuestra vida de casados cambió repentinamente con una noticia.
Rick estaba fuera de California en una peligrosa misión, trabajando en colaboración con la DEA.
Todo empezó semanas atrás cuando él partió. Comencé con mareos y náuseas, sospeché que algo no andaba bien en mi.
Así que fui a una clínica para que me hicieran unos análisis de sangre, porque estaba casi segura que la hemoglobina se me había bajado, o bien las plaquetas, porque no comía a mis horas, y me entró la duda de que fuera algo peor.
Pasaron dos días hasta que pude ir por mis resultados y pasar con el doctor a consulta.
Estaba desesperada, tenía trabajo pendiente en la oficina pero primero era mi salud.
El tacón de mi zapato chocaba constantemente contra el piso dando a entender mi desesperación.
-Riley Prescott adelante por favor- me llamó la enfermera, yo entré rápidamente.
-Qué tal doctor- estreché su mano en saludo. -Aquí están mis exámenes de laboratorio.
-Siéntate por favor- el doctor de mayor edad se acomodó los lentes y sonrió. Tomó el sobre, lo rompió y obtuvo la hoja que nos importaba. Leyó cuidadosamente y nadie hacía ruido.
Una amplia sonrisa fue dibujada en su rostro.
-¿Pasa algo doctor?- Pregunté intrigada.
-Te tengo dos noticias, una buena y una mala ¿cuál quieres saber primero?
-La mala.
-Bueno, la mala es que tienes principios de anemia, efectivamente tu hemoglobina está por debajo de lo normal.
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Agente Prescott
Saggistica¡HISTORIA APTA PARA TODO EL PÚBLICO! Riley Prescott se convierte en agente del FBI. Su principal objetivo era conseguir el puesto de agente especial, un trabajo que la apasionaba. Ella trabaja en colaboración con otros agentes en la investigación d...
