Las próximas semanas después de la muerte de papá, estuve con toda la familia.
Mi sobrino Thomas y la hija de Victoria, Carolina, eran quienes intentaban sacarnos alguna sonrisa. A pesar de ser tan pequeños se daban cuenta que estábamos atravesando una situación difícil como familia.
Rick, Karelle y David, nos dejaron estar en nuestro duelo solo la familia Prescott y Williams muy por aparte.
Ellos se encargaban de jugar con los niños y entretenerlos.
Victoria sostuvo a Andy entre sus brazos, toda mi familia estaba encantada de tener un nuevo integrante.
—Este bebé es tan lindo— dijo mi amiga sonriente.
—Tendrá los ojos de Rick— opinó Bentley, y nosotros no hacíamos más que sonreír.
Pasando unas tres semanas más, mamá decidió mudarse con nosotros a Estados Unidos. A mi me pareció una idea genial, y para Rick también.
Bentley se quedaría en Barcelona pues ahí tenía su trabajo seguro al igual que su esposa.
Para mamá fue complicado dejar su hogar. Le traía tantos recuerdos de papá y demás. Dejar al resto de su familia fue difícil, Bentley era igual a papá, desde su físico hasta su manera de ser. Con razón nadie quería dejar de convivir con él.
Hasta que fue la hora de regresar a Estados Unidos.
Nos despedimos de todos, y tomamos el vuelo de regreso a casa.
Mamá venía jugando con Andy pero de vez en cuando sólo dibujaba una triste mueca.
Quizá convivir con su nieto le ayudaría a sobrellevar la muerte de papá.
Después de que mamá se mudó, nosotros seguíamos bajo las mismas condiciones que nos otorgó Mike, disfrutando de los fines de semana juntos y los demás días mi esposo se iba a la oficina.
Junto a mamá cuidábamos de Andy en las semanas posteriores de su mudanza.
Ya no me sentía tan perdida, mi madre me ayudaba gustosa a entender lo que Shazad me pedía.
Cuando cumplió los 8 meses, Mike me pidió que le ayudara. Me sentí un poco enojada pero recordé que estaba bajo condiciones, así que debía cumplir.
Rick no estaba en casa porque tenía mucho trabajo y desde hacía dos noches que no volvía.
Hice mi rutina de la mañana y mi madre ya se había despertado.
Tenía listo el café y yo me preparaba para darle desayuno a Andy.
—Buenos días, madre— besé su coronilla.
—Hola, hija, ¿cómo amanecieron?
—Bastante bien. Shazad es un perezoso igual que Rick— rodé los ojos divertida. Pero mi tranquilidad se desvaneció al escuchar los gritos de mi hijo. —Iré a ver qué le pasa— le avisé a mamá.
Subí las escaleras y me topé con un Andy que lloraba con ganas.
Me acerqué a su cuna donde descansaba.
—¿Qué tienes, Shazad?— dije con voz graciosa, un olor no agradable fue mi respuesta. —Lo dicho, eres igualito a tu padre— me reí. Recordé cuanto Rick dejó amontonar mucha ropa sucia y olía muy mal. Tomé la pañalera y comencé a cambiarlo, pronto se tranquilizó y jugué con él. —Vamos a desayunar hijo mío, hoy tengo que trabajar.
Bajé las escaleras jugando con Andy. Mamá seguía abajo conversando con Rick. Él sostenía un sobre blanco en sus manos y tenían el rostro serio.
—Buenos días, mi amor— vociferé para que me escuchara.
En cuanto me vieron cambiaron su expresión y Rick guardó el sobre en su chaqueta.
—¡Mis amores!— extendió los brazos y nos envolvió en un cálido abrazo.
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Agente Prescott
Nonfiksi¡HISTORIA APTA PARA TODO EL PÚBLICO! Riley Prescott se convierte en agente del FBI. Su principal objetivo era conseguir el puesto de agente especial, un trabajo que la apasionaba. Ella trabaja en colaboración con otros agentes en la investigación d...
