KAROL
Daniela no tuvo fuerzas para despertar, pero jadeó, una, dos, tres veces. Las respiraciones sonaban horribles, pero estaban ahí.
Las enfermeras se apresuraron a ayudarla y la subieron a una camilla. Intento aún superar la tormenta emocional cuando irrumpieron los médicos. Aprieto con fuerza la mano de Calle, con un dedo en su pulso, mientras los profesionales trabajaban para estabilizarlo. Buscando consuelo en ello.
—Estoy aquí —susurro. —Y pronto Poché también estará aquí —esperaba no estar haciendo promesas vacías. —Así que... Espera. Solo espera.
Cuando se acercó el segundo médico, retrocedí para dejarle lugar mientras comienzo a transmitir información; el médico escuchaba y hacía preguntas mientras comenzaba su propia evaluación.
Daniela estaba inconsciente en una camilla que la doblaba el tamaño, lo que hacía que su pálido cuerpo pareciera increíblemente más pequeño. El carmesí le goteaba por la sien desde una herida profunda cerca del nacimiento del cabello, y la vista me revolvió el estómago. Camino al ritmo de los médicos, abriéndose paso entre puertas batientes y pasando junto a pacientes curiosos que esperaban junto a sus puertas para ver lo que pasaba.
—¡Necesitamos ir al quirófano urgente! —gritó uno de ellos.
Mientras se acercaban a un conjunto de puertas que gritaban 'solo personal operativo' en letras rojas brillantes, siento unas manos presionando suavemente mis hombros, impidiéndole avanzar.
—Señora, voy a tener que pedirle que se quede aquí atrás —dijo la enfermera con firmeza.
Dejo de forcejear con la enfermera, suspirando derrotada y desplomándome sobre sus manos. Cierro los ojos al sentir una lágrima resbalar por mi mejilla y caer sobre el suelo.
—Puede esperar en la sala de espera, si lo desea —intentó la enfermera, recitando las palabras como si fueran un guion que hubiera practicado incontables veces.
Solo pude asentir, agotada, mientras regreso abatida a la sala de espera, que olía a café rancio y a cansancio. Encontré un asiento en la esquina, lejos del aire fresco que dejaban entrar las puertas automáticas y lejos de las chismosas señoras de la recepción.
Pasaron más de diez minutos cuando la misma enfermera se acercó a mi de nuevo. Me pongo de mi pie rápidamente.
—¿Cómo está, Daniela? —me apresuré a preguntar.
—¿Puedo preguntar quién es usted? —preguntó en voz baja la enfermera.
—Soy su... amiga. Ella fue atacada. ¿Cómo está Daniela? —pregunté con insistencia, alzando la voz al hablar.
—La joven fue ingresada de urgencia en quirófano —dijo la enfermera con suavidad. —Es necesario que un familiar cercano acompañe y reciba las noticias pertinentes sobre la salud de la señorita. ¿Tienes alguna forma de contactarlos?
—Sí, yo... lo haré —susurro.
—Bien —dijo antes de darse la vuelta y marcharse.
Tecleó en mi celular, con los dedos ligeramente temblorosos. Me quedó mirando la pantalla un buen rato antes de hacer la llamada, con la postura rígida y la respiración pesada.
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La Guardaespaldas [EDITANDO]
RomanceDaniela tenía una vida normal como cualquier chica de su edad, hasta que los problemas comienza a llegar a su vida, cuando su padre recibe una amenaza de muerte y decide contratar a un guardaespaldas aunque su hija se niegue aceptar protección. Marí...
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