POCHÉ
Quería refugiarme en la inconsciencia, escapar de la agonía que se había convertido en mi realidad. Pero no, estaba demasiado consciente. Demasiado consciente de mi cuerpo debilitado, del peso que me oprimía el pecho.
—¡Está consciente! —gritó alguien, y el sonido la recorrió con un escalofrío de terror. Dios mío, ojalá no lo estuviera.
Una luz cegadora brilló en mis ojos, quemándome la retina, obligándome a entrecerrar los ojos ante la aguda intrusión. No veía nada con claridad: solo borrones, formas moviéndose a mi alrededor en destellos blancos y azules, acero y sombras. Podía oír el frenético zumbido de la habitación, el bullicio de las acciones que salvaban vidas ocurriendo justo fuera de mi alcance. Entonces, una voz —una voz masculina, serena pero cargada de tensión— interrumpió el ruido.
—¿Cómo te llamas? —pregunta.
—No puedo... respirar —digo con voz áspera, y las palabras le rasparon dolorosamente la garganta.
—Respiración 28, pulso 120.
Las cifras me impactaron como un golpe físico. No necesitaba ser médica para comprender la gravedad, y podía verlo en sus ojos: un destello de preocupación, rápidamente oculto tras una máscara de control. El equipo médico que me rodea se mueve con rapidez y precisión, son movimientos ensayados, pero también había un destello de pánico en sus ojos.
—Démosle 0,4 nitro por vía sublingual —ordenó con voz tensa y metódica. —Respiración a 32 —repitió la voz, plana y clínica—. Está hiperventilando.
Algo frío y firme me envolvió la mano. Una mano áspera y callosa, fuerte pero tierna. Era un ancla en el mar de dolor, anclada en algo real, algo sólido. Mis dedos se sentían pequeños, frágiles bajo su agarre, como los de una niña. Giro la cabeza lo suficiente para captar su mirada. Había firmeza en ellos, inquebrantable, pero bajo esa calma, algo más titilaba: una grieta en la máscara. Algo crudo, algo humano
—Todo va a estar bien —susurró, con palabras suaves pero firmes, como si quisiera convencerme, como queriendo prometerme lo imposible.
Fueron las últimas palabras que escucho antes de que la oscuridad me envolviera y sus ojos finalmente se cerraran.
*********
UN MES DESPUES
Intento abrir los ojos a la fuerza parpadeando bajo la intensa luz.
Destellos. Luz. Muy, muy brillante.
Y luego está el dolor.
Me quema el brazo, el hombro y el pecho. Siento la cabeza en llamas. Jadeo, y me duelen los pulmones como si nunca hubiera respirado hondo.
Los cierro con fuerza, respiro hondo y los abro de nuevo. Y entonces despierto, jadeando en busca de aire, con los ojos abiertos de golpe. Un mundo de color, luz y niebla me recibe.
Lucho contra la luz mientras recobro la conciencia, mi cabeza oscila entre latidos desgarradores y punzadas de dolor tan intenso que veo orbes brillantes tras mis párpados.
Mirando al alrededor, me doy cuenta de que estoy en un hospital, lo cual no tiene sentido porque ¿por qué yo estoy...?
¿Por qué...?
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La Guardaespaldas [EDITANDO]
RomanceDaniela tenía una vida normal como cualquier chica de su edad, hasta que los problemas comienza a llegar a su vida, cuando su padre recibe una amenaza de muerte y decide contratar a un guardaespaldas aunque su hija se niegue aceptar protección. Marí...
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