Cuando logré salir del trabajo, no pensé en la comida que mi esposa, Anna, seguramente había preparado. No, en mi cabeza solo había una cosa: lo que haríamos ese día en nuestra habitación. De solo pensarlo, mi pene, con voluntad propia, se hinchó, presionando dolorosamente contra la tela ajustada de mis pantalones. La presión era insoportable, una mezcla de dolor y pura adrenalina.
Miré a mi alrededor, sintiendo el pánico y la excitación a la vez. No podía esperar. Necesitaba liberar esa tensión. Me adentré en mi auto y, con las manos temblorosas, acomodé el paquete que había comprado esa mañana en una tienda de juguetes sexuales. Cerré la puerta de un golpe sordo y, asegurándome de que no había nadie alrededor, bajé el cierre del pantalón. Mi miembro, vivo y pulsante, se liberó y comencé a tocarlo. En cuestión de segundos, me rendí a un orgasmo explosivo, envuelto en sudor y con mi semen saliendo a borbotones.
Un rato después, cuando me limpié de mis propios fluidos, manejé a casa. En el camino, no pude evitar pensar en cómo había pasado de ser un hombre que no tenía sexo a ser uno que lo tenía cada día, de mil maneras diferentes, junto a Anna. Ella jamás dejaba de sorprenderme. Se suponía que yo era el experto, pero ella siempre lograba estar un paso adelante, aunque no supiera cómo.
Ni bien llegué, oculté lo que traía en mi portafolio, lo dejé en nuestra habitación y bajé a cenar. Era imposible concentrarme en la comida, mi pene rogaba tener los labios de mi mujer sobre ella, o estar enterrada en lo más profundo de su ser, para expulsar hasta el último chorro de mi existencia.
-¿Cómo te fue amor? ¿Todo bien en el trabajo? -preguntó Anna, luego de darme un largo beso de bienvenida.
-Sí, todo bien, amor. ¿Y a vos? -Traté de devolverle el interrogante y de ocultar mi excitación, pero el solo hecho de sentarme era una odisea. La presión en mis genitales era insoportable. Solo bastaba que Anna me dijera "venite" y lo haría como un púber delante de sus propios ojos. Asombrosamente, sin notar mi extraño comportamiento, Anna siguió la charla amenamente, hablando de su trabajo y de los trabajos prácticos que había dado a sus alumnos y que tenía que corregir para mañana.
-Siendo los primeros días del ciclo lectivo ya me siento totalmente agotada. Solo quiero tirarme en la cama y dormir.
Asintiendo a sus palabras, pensé que si seguía un solo momento más a su lado, me vendría sobre el mantel. Llevando mi plato y el suyo hacia el lavavajillas, me excusé rápidamente y fui hacia el baño. Debía solucionar un pequeño problema antes de que explotara.
***
-Oh, Dios -gemí, en cuanto comencé a acariciar la punta de mi pene. Estaba tan rígido que solo necesitaba un toque más para descargarme.
-Harry, ¿acaso no viste el ...? -Anna se detuvo en la puerta. Su voz se apagó al verme. Sus ojos me recorrieron, pero no había acusación en su mirada, sino una chispa traviesa y hambrienta. El pánico me asaltó, pero desapareció cuando una sonrisa lenta y peligrosa se extendió por sus labios. -Si mal no recuerdo, tengo derecho a chuparte el pene y a hacerte el amor cuantas veces quiera contigo, ahora que soy tu esposa, ¿no es así?
Se acercó lentamente, sus dedos rozaron la longitud de mi miembro y ejercieron una presión que me hizo gemir de nuevo.
-Entonces, ¿por qué me estás negando ese derecho? -Se arrodilló, su lengua pasó por mi miembro de corrido y, antes de posar sus labios en la punta, me susurró: -Sabés que me encanta chupártela.
Sin agregar nada más, tomó cada centímetro y follándome con su boca, acarició mis testículos con sus dedos. Fue suficiente para que tomara su cabello, la mantuviera apresada y con la garganta rígida, mientras todos mis fluidos caían y llenaban su boca. Una vez que todo acabó, pese a sentir mis piernas temblorosas, me detuve a mirar si se encontraba bien.
Acariciándola, observé cómo se limpiaba los restos de semen de la comisura de sus labios con sus dedos y luego se los lamía con una lentitud que me encendió de nuevo. Ella sabía cómo calentarme y ponerme a mil en un instante.
-Por cierto, ¿qué sorpresa me has traído esta noche? -inquirió, su voz llena de anticipación. Intentando no delatarme, sonreí. Podía ser muy inteligente, pero no estaría preparada para lo que vería a continuación.
-¿Por qué no lo vemos juntos, cariño? -Le ofrecí la mano, la ayudé a levantarse y la guié hacia nuestra habitación, en completo silencio. Esta vez, sería yo quien la sorprendería.
***
-Quítate la ropa. No la necesitarás conmigo -agregué, con picardía. Me acerqué a mi maletín, lo abrí y saqué una bolsa de cartón oscuro. La llevé hasta la cama, donde ella solo me esperaba con un par de diminutas bragas y un sostén de encaje. Me senté y, subiéndola sobre mi regazo, no dudé en besarla y hacer un poco de fricción con nuestros sexos necesitados. Quería poseerla lo antes posible. -Abre el regalo, amor y acabemos con este suplicio -susurré, besando su cuello y clavícula.
Manteniéndola todavía sentada, le pasé el regalo. Viendo cómo tomaba lo que había dentro, no pasé desapercibido cómo sus ojos se oscurecieron y sus labios se secaron, dejando escapar un leve gemido.
-Me compraste el dildo que yo quería -dijo, admirando la textura y el largo del juguete.
-Creo que estás pasando un detalle por encima, amorcito -La dejé sobre la cama y me subí encima de ella. La miré por un buen rato, sonriendo con malicia. -Este no es cualquier dildo, Anna. Es una réplica de mi propia polla, con la que todas las noches te follo y con la que te hago poner de rodillas en el baño solo para rogar por un poco más de mi semen en tu sistema.
Corriendo con mis dedos su braguita, tomé el dildo y comencé a pasar su punta sobre su clítoris, que ya estaba más que sensible. -Mírate, amor, suplicando por dos pollas -murmuré, en cuanto adentré dos de mis dedos en su canal inundado de fluidos que me moría por tomar con mi boca.
-Harry, no aguantaré tanto si me sigues acariciando así -logró decir, en cuanto adentraba una parte de él y lo sacaba, con el fin de ponerla en su límite.
-Esta vez no te haré rogar, Anna. Pero la próxima, será distinto. -Bajando sus bragas y dejando que se quitara su brasier, me acomodé entre sus piernas, las cuales levanté para ponerlas a un costado de mis caderas. -Por cierto, Niall te mandó saludos.
Adentrando poco a poco el dildo, como si lo hiciera con mi propio pene, no paré hasta llegar a la empuñadura. Viendo su expresión, supe que lo iba a disfrutar mucho más de lo que esperaba. -¿Qué debería responderle, amor? -Sacando y entrando el dildo, la piqué. -Le digo que se nos una la próxima vez? ¿Le digo que no te parece tan descabellado tener sexo con los dos? ¿O que no esperas la oportunidad para tener toda su polla en tu coño? Dime. -Comencé un vaivén rápido, chupando su clítoris al mismo compás y robándole más de un gemido. -Sé que estás cerca, pero no te dejaré correr si no me dices qué es lo que debo hacer con Niall.
Sin escuchar todavía una respuesta de su parte, seguí con el próximo paso. Dejando el dildo dentro de su coño, tomé un poco de sus fluidos y lo froté sobre la abertura de su ano, como una especie de lubricante, y una vez que mis dedos abrieron camino, mi polla no tardó en tomar cada centímetro. Con dos pollas en su interior, sería difícil no sacarle la información que quería. -Última oportunidad, cielo -le dije, antes de comenzar a embestirla con fuerza. Sabía que estaba cerca, pero que no cedería tan fácilmente. Dándola vuelta, hice que apoyara su rostro sobre una de las almohadas, y viendo lo hermosa que se veía ofreciéndome su coño y ano, usé mi último recurso. -Una cosa más me olvidé de decirte, Anna. A diferencia de los demás dildos, este permite que lo llene con mi propio semen.
Volviendo a poseerla, la embestí con golpes fuertes y rápidos. -Así que, dime, Anna. ¿Qué debería decirle a Niall? A menos que no quieras sentir mi semen bañando tu coño de arriba a abajo y goteando por...
-¡Dile que venga! ¡Que puede follarme cuando quiera! -gritó, su voz cargada de liberación y deseo.
Sabía que quería tenerlo, pero que no se animaba a tener sexo con otro hombre, pese a que yo también quería tener sexo con él.
-Así lo haré, amor mío. Él estará feliz de ser partícipe de nuestros propios juegos -contesté, antes de dar mis últimas arremetidas a duras penas, en tanto estimulaba su clítoris y preparaba el dildo para que expulsara mi semen, a la par que yo lo hacía en su otro conducto.
-¡Harry! Oh, Dios mío. Esto es maravilloso -logró decir, antes de temblar por su propio orgasmo.
Sí, que lo era y no tardaría en suceder de nuevo, aunque esta vez lo haríamos con una polla más que real.
-Descansa, Anna. Mañana será otro día. Mañana, vendrá Niall.
Hola. ¡Bienvenidos! Gracias por acompañarme y por elegir esta serie de one shots. Es la primera vez que lo hago, y aunque dudaba de su éxito, no puedo creer que ya estemos llegando a casi 400 mil leídas.
Por tan motivo, he decidido revisar y corregir cada one shots, con el fin de ofrecerles siempre lo mejor. Recuerden, este éxito también es de ustedes.
Les mando muchos saludos.
A. S.
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One Shots H. S. (+18)
FanfictionHarry , Anna y Niall, una pareja nada convencional, una pareja de tres.
