Y no me daba cuenta los relojes dejaron de dar la hora. El tiempo sin demora en un instante, la prisa freno su velocidad si mi alma implora. Mirando en el presente sin motivos de alcanzar nada que no estuviera al alcance. Dejando de perseguir los sueños no me daba cuenta de la cercanía de lo que realmente importa, para que no importe nada. Un atisbo de felicidad al final de un camino un ápice de esperanza en el incierto destino. La intensidad sagrada con la que se gusta, la eterna presencia de ese no se que que emana la divina esencia. El encuentro sagrado consigo mismo. una revelación; de un paraíso en lo sencillo la promesa de una estrella si desprende su brillo. Sin el frenético tráfico de pensamientos que caen en un vacío de la nada. En el silencio la última frontera. en mi pecho mi patria y mi bandera. La incomparable belleza que se manifiesta en su esplendor en el darse cuenta. El amor sin contratiempos, para que seguir recorriendo un punto de conciencia lúcida, estacionado en el centro de un amor que desafía a la muerte que miedo puede haber si aprendes a quererte. Ya no quise moverme solo retornar a la morada de un continuo presente. Llegaron las estaciones pasando con la vida, con lo bueno y con lo malo, el reloj me marcaba la misma hora. y no me daba cuenta que siempre es tiempo de poesía.
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