Aún estás a tiempo de que la dicha no acabe escapándose por las rendijas de la indiferencia. Estás a tiempo de que no se evapore como un fantasma la sonrisa cómplice. Queda tiempo para volver a encender el fuego de la pasión y desempolvar libros inacabados. Hay tiempo para decir todo lo que callaste y para callar para siempre todo lo que sobro por decir. A tiempo de no dejarse devorar por el monstruo de la monotonía y los demonios de la desidia. El amor no se muere se abandona y se marchita como una flor. No se terminan las primaveras en el jardín de tu pecho cuando se reciclan las estaciones. A tiempo del retorno del abrazo que sobrecoge y el amor imperecedero. Siempre a tiempo se puede salvar el amor de los naufragio de los desencuentros. Siempre a tiempo... de un beso.
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