Capitulo 11

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   - ¡Hey, tu! – llamó Tom refiriéndose a Sara – necesito que hagas mi dormitorio, ¡Ahora! – ordenó.

   -En un momento, primero haré los de sus hermanos – contesto Sara.

   - ¿No has escuchado? ¿eres sorda? He dicho, ahora – menciono Tom.

   -Te he escuchado, y creo que usted también me ha escuchado cuando he dicho que iba a hacer las habitaciones de sus hermanos primeros y después el suyo – explico, mientras su paciencia poco a poco se iba agotando.

   - ¿Quién diablos te crees que eres para hablarme así?, eres solamente una pobre empleada – preguntó Tom tomándola del brazo fuertemente.

   - ¿Quién te crees tú para agarrarme así?, seré una simple empleada, pero tengo más educación que tu – protestó Sara mirando como la tenía agarrada Tom.

   -Sabes que te puedo echar de esta casa – amenazó.

   - ¿Enserio?, pues hazlo – se defendió Sara – pero si lo haces, en meses no tendrás a nadie que te pueda hacer la cama, ni preparar lo que el señor se le antoje – gruño, la paciencia que tenia ya se le estaba agotando – ahora por favor, disculpa...

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   - ¿Enserio?, pues hazlo – se defendió Sara – pero si lo haces, en meses no tendrás a nadie que te pueda hacer la cama, ni preparar lo que el señor se le antoje – gruño, la paciencia que tenia ya se le estaba agotando – ahora por favor, disculpa, tengo mucho trabajo que hacer.

Tom se quedó parado en el mismo lugar, como en estado de shock, jamás había pensado que ella se pondría así, tan a la defensiva, ahora la odiaría mas por comportarse de esa manera, la miró como entraba a la habitación de Millie, ¿estaría siendo muy duro con ella? Hace mucho tiempo no sentía la lastima por los demás, ¿Por qué sentirlo por ella?, se preguntaba a si mismo, solo es una empleada y a las empleadas siempre se les trata como tal, como empleadas.

Sara entró a la habitación de Millie enfurecida y los nervios y la consumían por dentro, era la primera vez que se enfrentaba así de fuerte con Tom, aun así se lo merecía, nadie nunca la había ordenado las cosas de esa manera, podría hacerlo pero era humilde, respetuosa con quien la respeta, todo lo contrario a él, hacía la cama de Millie enfurecida, tenía ganas de volver y estrangularlo por idiota, pero si lo hacía seguramente la meterían en la cárcel.

Después de haber hecho todas las habitaciones, se fue a barrer el jardín, barría tranquilamente disfrutando del viento que chocaba con su cuerpo, y hacía flamear su cabello, hasta que vio unos pies debajo de la escoba, unos pies descalzos, eran delicados, ya que las uñas estaban pintadas de un rojo rubí.

   - ¡Hey! – Sara levantó la cabeza y se encontró con el rostro de la rubia - ¿podrías dejar de barrer?, estoy tomando el sol y no lo puedo hacerlo tranquila... me llega todo ese asqueroso polvo – reclamó.

   -Lo siento, pero mi deber es barrer todo esto – avisó Sara, mientras gotas de sudor recorrían su frente.

   -Si quieres barrer mugre, ¿Por qué no te barres a ti misma? – dijo la mujer rubia, muy molesta por el atrevimiento de Sara.

   -Siempre pensé que las rubias eran tontas, y jamás cambiaré mi opinión hacia ellas.

   - ¿Me estas llamando tonta, empleada de cuarta? – pregunto Cameron ya casi echando humo por las orejas.

   -No sé si el delantal te quedara, pero te lo presto – dijo Sara y junto con ello sintió la cachetada que la rubia le dio en la mejilla, la hizo voltear un poco la cabeza, con su cabello en el rostro.

   -No sabes con quien te estas metiendo pobretona – replicó.

   -Lo sé perfectamente – detalló la empleada.

   -Eres una mugre al igual que todas las de tu clase – mencionó Cameron dejando el lugar y entrando a la casa echa una furia.

Solo soy una empleadaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora