Capitulo 40

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Ella se fue directo a su habitación, ¿De verdad sucedió de nuevo?, ¡se besaron de nuevo! Sonrió por lo bajo, tenia que admitirlo, ese hombre besaba muy bien, pero para hablar era un caso perdido. ¿Y si el ya se arrepintió del beso? Tenia miles de preguntas en su cabeza sin respuesta.

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Solo, lleno de pensamientos se encontraba sentado en su cama, pensando en lo sucedido hace unos momentos, ¿Por qué sintió la necesidad de besarla?, ¿Por qué tenia la necesidad de besarla precisamente a ella?, ¿no podía ser otra persona?

Confundido. Era la palabra perfecta para definir sus sentimientos en estos momentos. Seguramente Sam será el encargado de probar sus besos la próxima noche. Se maldijo. No sabia por que pensaba en eso, Sara no era nada de el y jamás serán absolutamente nada, no tenia porque ponerse ¿celoso? No celoso si no... ¡Oh dios! El verdaderamente tenia celos, ¿Por qué le costaba tanto admitirlo?

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   -Que bien que llegaron – dijo la doctora que traía a Mckenna en su rehabilitación, la pequeña se veía asustada, pero seguramente ya se le pasaría – pasad por esta sala, hoy vamos a hacer varios entrenamientos – entraron en una sala de paredes blancas, había muchas maquinas, seguramente tratarían a Mckenna en todas ellas, al fondo había una pared de cristal, junto con una puerta, al traspasar el cristal había una piscina, le dijeron que también trabajarían en ella.

   -Ayúdame a sentar a Mckenna en esta silla – pidió la doctora, Sara con gran facilidad tomo en sus brazos a su hermana y la sentó donde le dijeron, la pequeña no pesaba mucho, era liviana y fácil de cargar.

   -¿Cuánto tiempo durara esto? – pregunto Sara.

   -No lo sabemos, solo esta en tu hermana, ella tiene que tener fuerzas y estar entusiasmada, para tener una pronta recuperación – detallo la doctora - ¿estas entusiasmada en volver a caminar?

   -Seria uno de mis mejores sueños – respondió la pequeña.

   -Entonces ayúdame a que ese sueño se haga realidad, preciosa.

Pasaron por varias sesiones, durante tres horas, la pusieron en una maquina para que pudiera caminar con ayuda de la doctora y de Sara, pero ella solo arrastraba los pies, cuatro veces cayó al suelo intentándolo, pero no se daba por vencida y volvía a intentarlo nuevamente.

   -Bueno, esto ya es todo por hoy – informo la doctora – para ser tu primer día no estuvo nada mal, te veo pasado mañana nuevamente, espero que vengas con el mismo entusiasmo que hoy – sonrió – yo me tengo que ir, tengo otros pacientes, nos vemos – se retiró del lugar.

Sara y su hermana salieron del lugar, tenia que ir a dejar a su hermana en casa y luego ir a la casa de los Hiddleston, ya eran las siete y media, tenia poco tiempo, a las nueve tenía la cita con Sam, y no podía faltar.

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Después de haber ido a dejar a su hermana, Sara ya se encontraba en casa de los Hiddleston, en su habitación, arreglándose, para su cita con Sam. Se puso aquel vestido negro que su madre le había regalado por su cumpleaños junto con unos zapatos de tacón, creyó que estaba demasiado arreglada, de hecho, pensó en cambiarse nuevamente, pero vio la hora y no tendría tiempo.

   -Sara... estás preciosa – le dijo Sam, cuando la vio entrar en la cocina – realmente perfecta para la cena – ella se sonrojo.

   -Gracias Sam – agradeció poniéndose su chaqueta de cuero negra, ya que la noche estaba sumamente helada.

Solo soy una empleadaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora