La vio aparecer en la sala en su silla, estaba preciosa con su conjunto de pantalón blanco y blusa color rosa, como toda una verdadera princesa.
Millie se quedó mirándola, quizás le llamo la atención de que Mckenna estuviera en una silla de ruedas y no caminando como ella pensaba.
-Me tienes abandonada Sara – se quejó Mckenna.
-Sabes que tengo mucho trabajo, preciosa... quiero un abrazo – Sara se acero a su hermana pequeña y la abrazo con todas sus fuerzas que tuvo.
La verdad era que la extrañaba mucho. Sara y Mckenna son hermanas inseparables y ahora el hecho de estar alejadas, hace que se necesiten mucho mutuamente. Estar tanto tiempo separada de ella la entristecía bastante.
- ¿Quién es ella? – pregunto Mckenna, mirando directamente a Millie quien se encontraba tímida al lado de la madre de Sara.
-Ella es Millie, la niña que cuido en la casa de los Hiddleston, me ha acompañado porque tenía ganas de conocerte, jugar y ser tu amiga – se inclino para quedar a la altura de su hermana – realmente espero que tú también quieras serlo.
- ¿Por qué ella querría jugar con una invalida como yo? – menciono Mckenna, con la mirada fija en el suelo.
-Que estés invalida no significa que no podamos jugar – habló Millie con encantadora sonrisa.
-Ves Mckenna, deja de ser así y date la oportunidad de tener una amiga, Millie es una niña muy buena, veras que os llevareis bien – Sara trataba de que se su hermana no se cerrara y se diera la oportunidad de hacer amigas, que pudiera hacer su vida como una niña normal, porque la infancia es lo mas importante en la vida de un ser humano – solo date una oportunidad.
-Esta bien, en mi habitación tengo muñecas, ¿quieres jugar conmigo? – pregunto la hermana a Millie.
-Claro – respondió Millie, mientras se encaminaba hacia Mckenna.
Sara solo sonrió, vio como Millie agarro la silla de ruedas de Mckenna y la ayudo a dirigirse a la habitación, se veían muy encantadoras juntas.
-Y tú, ¿Cómo estás? – pregunto su madre, la pregunta hizo que Sara se sobresaltara en su lugar – hace mucho que no se de ti.
-Bien, bien mama – respondió ella – tomemos un café, tenemos muchas cosas que contarnos.
Y así lo hicieron, se sentaron en la mesa, cada una con una taza de café.
Le encantaba estar así con su madre, siempre hubo una muy buena comunicación entre ellas, siempre el apoyo y el cariño. Ella podía decir con orgullo que su madre era la mejor de todas.
-¿Y papa, a que hora llega? – pregunto Sara poniendo un poco de azúcar en tu taza.
-Creo que ya esta por llegar, hoy sale temprano – respondió su madre - ¿Cómo te has sentido últimamente? La ultima vez supe de ti tenias fuertes dolores de cabeza.
-Si, fui al médico, solo era estrés, pero estos días no sentí nada de eso, me sentí muy bien mama. ¿Cuándo empieza Mckenna con su rehabilitación? – pregunto ella cambiado de tema.
-Mañana por la tarde y como sabes por la tarde trabajo.
-Lo se y quieres que vaya con ella... no te preocupes, yo iré mama.
-Gracias cariño – agradeció su madre.
Un sonido de llaves en la puerta interrumpió su conversación, su padre había llegado, al entrar venia con un rostro muy serio, pero al ver a Sara su rostro se ilumino completamente dejando ver una sonrisa.
- ¡Hola papa! – saludo ella levantándose de su asiento y dando un fuerte abrazo y un beso en la mejilla a su padre.
-No esperaba encontrarte hoy aquí, en casa – dijo su padre sacándose la chaqueta que llevaba puesta.
-El hijo mayor de los Hiddleston me dio autorización – y aun se encontraba asombrada con él, precisamente que él le diese autorización.
- ¿Quieres tomar una taza de café con nosotras? – pregunto la madre.
-Claro que sí, amor – respondió él tomaba asiento en una de sillas del comedor.
El amor de sus padres era incondicional, siempre se apoyaban y hacían las cosas juntos. Se conocieron cuando eran jóvenes y de inmediato sintieron esa química.
- ¿Y cómo te tratan en esa casa? – pregunto su padre comiendo un poco de pastel, servido por su señora.
-Hasta el momento toda va bien – respondió Sara, no se encontraba muy concentrada en la conversación, sus pensamientos estaban en él, Tom, no supo porque, pero recordó aquellos dos besos que se dieron. Era raro, porque realmente para ella no fue un error, sino... ni siquiera sabe que fue.
- ¿Y cuándo volverás? – lo que mas odiaba de su padre eran sus interrogatorios, siempre haciendo preguntas.
-No lo sé, la señora Barbara no ha llamado desde que se fue de viaje – era verdad, no sabían si estaban vivos o muertos, no había noticias de ellos desde que se fueron – bueno, voy a buscar a Millie que ya tenemos que irnos, tengo que hacer la cena.
Se levanto de su asiento, y se dirigió a la habitación de su hermana, cuando entro en él se encontró con que las niñas jugaban muy amistosamente.
Sara no pudo negar que hubo un momento en que le dio miedo de cómo podía reaccionar Millie, al enterar de que su hermana no podía caminar.
Pero cuando Millie habló, ese miedo desapareció, ella la aceptaba tal y como era. Era maravilloso como una niña fuera tan hermosa por dentro como por fuera.
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Solo soy una empleada
RomanceSara Hyland una muchacha de veintidós años, humilde, de buen corazón. Ella decide trabajar en una casa de ricos, la casa de los "Hiddleston". Una familia que se deja llevar por la avaricia, las apariencias y la ambición. Jamás pensó que trabajar en...
