El despertador de Sara sonó exactamente a la una de la mañana, se levanto en pijama. Como la noche no era fría, opto por ir sin nada más encima. Solo con su pantalón corto y una camiseta que dejaba ver su ombligo.
Salió de su habitación y subió lentamente las escaleras, tratando de no hacer ruido, para no despertar a los demás.
Abrió lentamente la puerta frente a ella, para encontrarse con Tom dormido. Era obvio que él no se despertaría solo a tomarse el jarabe.
-Tom... - Sara poso su mano en su hombro mover un poco su cuerpo y así despertarlo, este se sobresalto un poco, pero se despertó.
- ¿Qué pasa, que ocurre? – dijo con voz adormecida mientras tocaba los ojos.
-Tienes que tomarte el jarabe – ella se levantó y tomo el medicamento con una cuchara.
- ¿Y solo te has levantado para eso? – pregunto Tom con lo ojos entrecerrados y una de sus manos bajo su cabeza.
-Era obvio que tu no lo ibas a hacer, por lo cual yo me encargue de despertarme a la una y dártelo.
Tom solo guardo silencio, Sara vació un poco del liquido color miel en una cuchara y la aproximo hacia la boca de Tom.
-Abre la boca – le ordeno Sara, este obedeció y dejo pasar el líquido por su garganta. Por su rostro era obvio que no era para nada agradable el jarabe.
-Qué asco – se quejó Tom, mientras mostraba su lengua – sabe asqueroso.
-Seguramente, pero esta cosa asquerosa es la que te va a poner mejor – le cuestiono ella dejando ya de lado el jarabe.
Sara se sentó nuevamente al lado de él, bostezo tapando su boca con una de sus manos, la pobre tenía sueño.
- ¿Tienes sueño? – pregunto él.
-Si, creo que es mejor que me vaya a dormir – dijo ella – además mañana tengo muchas cosas que hacer.
Estaba a punto de marcharse, pero la voz, esa hermosa y varonil voz la detuvo, con esas mágicas palabras.
- ¿Por qué no te quedas a dormir aquí?
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Solo soy una empleada
RomantizmSara Hyland una muchacha de veintidós años, humilde, de buen corazón. Ella decide trabajar en una casa de ricos, la casa de los "Hiddleston". Una familia que se deja llevar por la avaricia, las apariencias y la ambición. Jamás pensó que trabajar en...
