Con delicados y lentos pasos ella subía la escalera con una bandeja en sus manos, en la cual llevaba el desayuno para ellos dos. Abrió la puerta de la habitación con el pie, ya que sus manos estaban ocupadas, Tom la miro y se acomodó bien en la cama, preparado para disfrutar un rico desayuno con Sara.
-Ya está – le dijo ella, depositando la bandeja en la cama, Tom se movió un poco haciendo un espacio en la cama.
-Siéntate – le ordeno, y ella obedeció tímida.
Juntos comieron entre risas y conversaciones. En una ocasión Tom le dio una cucharada de cereales en la boca de Sara lo que hizo que esta agachara su cabeza avergonzada. Sintió como unos dedos se posaron en su mentón, obviamente eran los de Tom, quien levanto su rostro y deposito un hermoso y tierno beso en sus labios, Sara sabía que en algún momento iba a pasar de nuevo y ahora estaba pasando.
Los labios de Tom eran suaves y esponjosos, si ella pudiera los besaría hasta que el mundo se acabara, pero eso era completamente imposible. Agradeció que la bandeja ya la había puesto en un mueble porque si no, ya estaría todo desparramado en la cama.
El beso que comenzó tierno, ahora se estaba convirtiendo mas pasional, solo se dejaban llevar por lo que sentían.
Tom la tendió en la cama quedando encima de ella, siempre procurando no aplastarla. Hacia mucho tiempo que no besaba a una mujer como lo estaba haciendo ahora.
-Tom... Tom – susurro Sara entre sus labios, estaba excitada, jamás se había sentido así, sabía que, si no detenía eso, podían pasar a mucho mas y ella no estaba segura de hacerlo – Tom... Tom – este la miro a los ojos como diciendo "Que" – Creo que estamos yendo muy rápido.
-Perdón – Tom rápidamente se levanto de la cama, tendiendo una mano a Sara para ayudarla a levantarse, ella acepto.
-No tienes porque disculparte... fue algo de los dos.
-Tienes razón... espero no haberte pegado el resfriado – ella sonrió, negando con su cabeza, se estaba preocupando de ella y era muy hermoso su gesto protector.
-Bueno, me tengo que ir, tienes que descansar, aquí de pie dudo que puedas curarte – le recomendó ella.
-Eso es lo que voy a hacer.
¿Podrán dos personas que se odiaban, amarse?, si, si pueden, uno no manda en el corazón ni menos en el destino, quien es el encargado de escribir el futuro. Ahora todo estaba cambiando, ya no se podían mirar a la cara sin sentir ese deseo de besarse uno al otro. Sin sentir esa química que ahora se sentía mucho más fuerte.
El amor, es el sentimiento más bonito que una persona pueda experimentar, pero aun así tiene sus desventajas y ventajas ¿Cuáles? Puede ser hermoso y todo perfecto, pero ¿Qué pasa cuando llama del amor se apaga?, solo queda el sufrimiento.
El amor, era algo que Tom ya había experimentado, él sabía cómo se sentía estar enamorado, pero ¿Qué le paso? Su novia murió, ¿y que quedo? El sufrimiento. Ese doloroso sentimiento que poco a poco estaba desapareciendo con la llegada de Sara a la casa, quien fue la encargada de poner el mundo de Tom patas arriba.
Y el amor en Sara, bueno ese sentimiento ella jamás lo experimento, pero ahora, ahora lo estaba sintiendo, pero también tenia miedo. Siempre se dejó llevar por los libros, películas o series de amor, pero no todas tenían un final feliz, y de eso tenia miedo, de que la historia de ella no tuviera un final feliz. Pero como se dice, si quieres obtener la felicidad, búscala y lucha por ella. La felicidad se gana.
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-Millie – llamo Sara entrando en el dormitorio de la pequeña.
-Aquí estoy Sara – le dijo la pequeña saliendo del baño.
- ¿Me acompañas a ver a mi hermana? – pregunto.
-Si, Claro Sara – la pequeña Millie estaba entusiasmada se notaba en sus ojos, ¡cómo no! si nunca tuvo una amiga, ahora que había conocido a Mckenna sentía que debía cuidar de ella y jamás dejarla ir.
Juntas pasaron por Mckenna y ahora las tres iban de camino hacia la rehabilitación.
Cuando llegaron, la doctora ya la estaba esperando.
Tres horas de rehabilitación, fueron necesarias para Mckenna, la cual se encontraba ya cansada, pero feliz de su gran avance, había dado si quiera un paso sola, Sara tuvo que irse a un rincón a llorar, fue algo hermoso ver a su hermana de pie sola y dar un paso. Las esperanzas de que Mckenna pudiera caminar eran tremendas, tenia las esperanzas de que su hermanita pudiera correr y hacer su vida como una niña normal. Millie estaba ayudando a Mckenna en su tratamiento, era algo nuevo para ella, pero aun así le encantaba ayudar a su nueva amiga.
Después de haber pasado por la casa de Sara para dejar a Mckenna, ahora estaba abriendo la puerta de la casa de los Hiddleston de vuelta.
-Voy a mi cuarto a darme una ducha – le informo Millie, Sara solo asintió y miro como la pequeña iba subiendo las escaleras.
Se quedo mirando al vacío, su mente estaba en blanco, pestañeo firmemente y volvió a la realidad, como un flash, lo primero que se le paso por la mente fue "Tom", tenía que ir a verlo, tenia que saber si ya se encontraba mejor o si estaba igual, esa curiosidad la comida por dentro.
Caminaba lentamente por las escaleras, estaba agotada, quizás podría relajarse hablando con Tom, él era el único que hacia que sus cosas se le olvidaran rápidamente.
Cuando abrió la puerta de la habitación de Tom, lo vio en la cama durmiendo. Se veía extremadamente tierno, ¿lo despertaba o no? Una parte de ella si quería, porque necesitaba escuchar su voz, pero la otra parte decía que no, que a lo mejor él quería descansar porque no se sentía muy bien.
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Solo soy una empleada
RomanceSara Hyland una muchacha de veintidós años, humilde, de buen corazón. Ella decide trabajar en una casa de ricos, la casa de los "Hiddleston". Una familia que se deja llevar por la avaricia, las apariencias y la ambición. Jamás pensó que trabajar en...
