A la hora que Sara se iba a su casa vio a Tom con Emma salir de la casa, vestido muy elegantes ¿acaso tenían una cita?
¿Acaso Tom quería jugar sucio?, si era así, entonces ella también jugaría sucio. Sam la pasaría a buscar a las diez en punto en su casa y ahí es cuando el juego comenzaría.
No le gustaba tener que utilizar a Sam para darle celos a Tom, se sentía como una completa basura haciéndolo. Pero no tenia opciones. Tom se estaba aprovechando mucho ¿Por qué hacía Tom esto?
Con Sam no pretendía nada, solo una bonita amistad. No podría estar jamás con una persona que verdaderamente no amara.
-Sara, que bien llegas ¿quieres comer algo? – le dijo su madre en cuanto la vio entrar por la puerta.
-No gracias mama. Sam me ha invitado a cenar – le informo dejando el bolso en el sillón – voy a cambiarme – deposito un beso en la frente de su madre y corrió hacia su habitación.
Trataba de poner una sonrisa en su rostro, pero era completamente imposible, su mente solo estaba en el... y ella.
¿Que se supone que están haciendo? Se repetía esa pregunta retirada veces. Se moría de ganas por saber. Necesitaba saber.
Se dio una larga ducha, necesitaba relajarse, olvidarse de todo un momento, aunque eso relativamente fuese imposible.
Salió de la ducha para ponerse un vestido rojo. Un hermoso vestido rojo que le llegaba un poco mas arriba de las rodillas, y que en la parte del pecho se le ajustaba perfectamente.
Al terminar de vestirse, peinarse y maquillarse, se dedico a admirarse en el espejo, inspeccionando que todo le quedara perfecto.
-Sara, estás preciosa – le dijo su hermana cuando la vio bajar las escaleras.
Ahora solo le quedaba esperar a Sam.
-Muchas gracias, enana – se acerco a ella a darle un cálido y gran abrazo a su pequeña hermana.
-Sara – llamo su madre desde la cocina, ella solo fue hasta ahí.
-Dime mama.
- ¿Estás segura de lo que haces? – pregunto su madre mientas la miraba fijamente.
-No te entiendo.
-Que salgas con Sam sintiendo cosas por Tom, no es justo para él, Sara – su madre tenía toda la razón, no era justo para él, solo jugaría aún más con sus sentimientos y el no se lo merecía.
-Lo se mama, pero es solo una cita, además yo ya le dejé claro todo a Sam – eso era verdad, desde un principio ella misma se encargó de decirle que no sentía nada por él.
-Eso espero Sara, no quiero corazones rotos... - iba a decir algo más, pero el ruido del timbre de la casa sonó.
-Voy a abrir – le dijo Sara a su madre – seguro se trataba de Sam.
-Recuerda lo que te dije... - susurro la madre antes de ver desaparece su hija por la puerta de la cocina.
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Solo soy una empleada
RomanceSara Hyland una muchacha de veintidós años, humilde, de buen corazón. Ella decide trabajar en una casa de ricos, la casa de los "Hiddleston". Una familia que se deja llevar por la avaricia, las apariencias y la ambición. Jamás pensó que trabajar en...
