Sara Hyland una muchacha de veintidós años, humilde, de buen corazón. Ella decide trabajar en una casa de ricos, la casa de los "Hiddleston". Una familia que se deja llevar por la avaricia, las apariencias y la ambición.
Jamás pensó que trabajar en...
Cuando Millie y Noah salieron de la casa junto con Sam, en la casa solo quedo ella con Tom, el cual no sabía dónde estaba, quizás durmiendo, dándose una ducha, comiendo, simplemente no lo sabía.
Estaba cortando zanahorias cunado un dolor inmenso recorrió su cabeza, ese dolor la hizo soltar el cuchillo y sentarse.
Esos dolores de cabeza la estaban aburriendo. Claro estrés, como dijo el médico, quería descansar como le recetaron, pero no podía dejar las cosas a medias, lamentaba que Meryl no estuviera en la casa para que le pudiera ayudar.
En un instante Tom entro en la cocina, solo la miro de reojo, saco una manzana de las que había en la canasta y la tomo, para luego darle un mordisco.
Sara levanto su mirada hacia donde él estaba, parecía disfrutar esa manzana. Ella se levantó, para ir a buscar un vaso y llenarlo de agua para beberlo, pero al instante de levantarse se tambaleo, solo que alcanzo a sujetarse de la mesa.
- ¿Te encuentras bien? – pregunto Tom, limpiándose los labios con la mano.
-Si, si – respondió está sentándose nuevamente – solo... déjalo.
-Te pusiste pálida de repente, ¿segura que estas bien? ¿quieres un vaso de agua? – pregunto Tom.
-Si, gracias...
No, realmente no se sentía bien, esos dolores de cabeza eran muy fuertes, era como si le enterraran miles de agujas en la cabeza.
-Toma – Tom le entrego el vaso, el cual ella recibió y bebió un poco.
-Gracias – dijo ella, dejando el vaso en la mesa.
- ¿Quieres que llame a un médico? – pregunto Tom, un tanto preocupado por Sara.
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¿Un médico? ¿es que ahora se preocupaba por ella? ¿desde cuándo lo hacía? Realmente nunca iba a terminar de conocer al verdadero Tom.
-No, no es necesario, ya me siento mejor – respondió ella mirándolo.
-Ya veo, recobraste tu color habitual – dijo este indicando el rostro de ella.
-Eso es bueno.
- ¿Quién llevo a mis hermanos a la escuela? – pregunto Tom.
Ella se dio cuenta que Tom no sabia nada de la llegada de Sam a la casa.
-Se los llevo Sam – respondió simple.
- ¿Quién es Sam? – pregunto Tom, al momento en que una mueca se inhalaba en su rostro - ¿y bien?
-Es el nuevo chófer que contrato la señora Barbara.
-Ya, debe ser un viejo amargado – articulo este, dando un mordisco a su manzana.
-Te equívocas – dijo ella levantándose de la silla – Sam, es como de tu edad, cabello claro, ojos claros, bastante simpático, lo he conocido esta mañana, se ve que es una persona muy humilde... ah... - se acercó a el – y veo que aparenta ser el mismo, no otra persona que no es verdaderamente... no tiene dos caras – cuando dijo eso, abandono la cocina dejándolo solo.
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Dos caras. Era verdad, siempre era así, aparentaba ser uno y después aparentaba ser otra, totalmente bipolar. Y así realmente una no sabe quién es el verdadero.
Aunque a Sara le encantaba el Tom preocupado y cariñoso, como lo fue hace un momento, ojalá el pudiera ser así todo el tiempo.
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Barria el jardín cuando un coche se estaciono en la casa.
- ¡Hola Sara! – menciono Sam acercándose hacia donde ella estaba.
- ¡Hola! – saludo de vuelta.
- ¿Quieres que te ayude con algo? – pregunto el amablemente.
- ¿Enserio?
-Si, ¿Por qué? – dijo Sam con el ceño fruncido.
-Es que nunca en esta casa... bueno casi nunca me han preguntado eso... creo que solo una vez.
Se acordaba perfectamente de esa vez, solo recordaba las palabras, desván mas Tom igual a beso, como olvidarlo.
- ¿Podrías traerme algo para tirar esto? – pidió ella – si es que no te molesta.
-Claro que no, lo traigo inmediatamente.
Al minuto el aparecido con una bolsa de basura, juntos pusieron esas hojas y otras mugres a la bolsa.
-Así que tu eres Sam... - esa voz Sara le reconocía, como no reconocerla ¿no? De inmediato Sam se levantó, acto seguido de Sara.
-Buenas tardes, si soy Sam – se presentó el, tendiéndole la mano – Sam Heughan, para servirle.
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-Ya – dijo Tom ignorándolo y dejándolo con la mano extendida – Sara – este la miro – sírveme el almuerzo.
-Como ordenes – dijo ella y se dirigió a la cocina.
¿Por qué tenía que ser así? Sam lo saludo amablemente, ¿Por qué el no lo podía ser también? ¿es que acaso no le enseñaron educación? Pensó Sara en sus adentros.
En una bandeja, llevaba el plato con comida para el "señor Tom", quien estaba sentado en la mesa, esperando su plato de comida.
Ella no dijo nada, solo saco de la bandeja el plato y lo coloco en la mesa para que Tom comiera.
-No tenias que ser tan mal educado con Sam – reprocho Sara sirviendo zumo de naranja en el vaso.