Y finalmente, el esperado día de la fiesta llegó.
Aunque en realidad, se podría decir que todo el evento, comenzó desde un día antes.
Desde una noche antes, muchas vecinas del pueblo se habían reunido en casa de Martina y le ayudaron a la abuela de Martina a preparar toda la comida.
La madre de Gibrán también estaba entre todas esas mujeres, incluso trajo consigo algunas de sus cocineras para agilizar la labor. Al parecer, toda la comida vino de su restaurante.
Algunas de las mueres se encargaron de cocinar el pollo y el mole para preparar los mixiotes, que es un platillo típico de por aquí.
Otras mujeres se encargaron de amasar la masa para hacer tortillas a mano, varios kilos de tortillas.
Y las mujeres más jóvenes, adolescentes y algunas niñas, hacían tareas menores o auxiliares, como acomodar las tortillas en canastos o conseguirles utensilios de cocina.
Desde el día de la fiesta, temprano en la mañana, los hombres del pueblo también se habían reunido en la casa de la niña.
Y entre ellos también se dividieron varios trabajos un poco más pesados.
Mientras algunos se dedicaban a barrer y emparejar el terreno donde se celebraría la fiesta y otros más se encargaban de acomodar las mesas, sillas, manteles y todo lo demás para los comensales.
Había otro grupo de hombres que se encargaba de poner las lonas y carpas, además de los globos y otros adornos.
De cierto modo, me sentí de nuevo como en los días de la fiesta patronal, solo que, esta vez, todo el jolgorio seria solamente en la casa de Martina.
Durante toda la mañana, los demás chambelanes, la quinceañera y yo, estuvimos ensayando por última vez los pasos de baile.
Aun no nos vestíamos con nuestros trajes ni Martina usaba su vestido.
Después de ensayar por última vez antes de la fiesta, el coreógrafo nos reunió y nos felicitó.
Dijo que aunque el centro de la fiesta era Martina, y ella tenía que destacar sobre todos, nosotros también podíamos lucirnos en la noche.
Yo, y quizá los demás, solo nos preocupábamos de que no se nos olvidaran los pasos a medio baile o que nos equivocáramos.
Al mediodía, nos bañamos, cada uno en su casa, o en mi caso, en la casa de mi tía, y nos pusimos los trajes.
Los chambelanes usaríamos el traje típico de cadete, del cual, muchos bromearon diciendo que era el uniforme de los niños héroes de Chapultepec.
No sé si sea cierto, aunque si recuerdo que cuando iba a la primaria, me hicieron marchar vestido así en un convivio.
Martina también, en su casa, se estaba poniendo su vestido.
Me imagino que debe de ser una labor muy complicada vestir a una niña de 15 años con un vestido complejo.
Y eso lo digo porque algunas chicas de su edad, entre ellas, Mayra Páez, Guadalupe y Angelina, se dedicaron a ayudarle, y también a peinarla.
Además de que, todo aquello lo hicieron con mucho secretismo.
Según ellas, dejarían a Martina radiante, y no querían que nadie las molestara.
Cuando me contemple con mi traje en el espejo, mi nerviosismo aumentó.
Además del hecho de que, contemplarme con esa vestimenta se me hacía extraño.
Y no era para menos, porque era la primera vez que participaba como chambelán en un vals.
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Yatareni (PRIMERA VERSION)
Teen FictionEliseo es un egresado de la carrera de arquitectura que, contra sus propios deseos, tiene que mudarse a un remoto pueblito campestre mexicano llamado Yatareni, para trabajar como dibujante arquitecto, así que llega con la idea de que su estancia en...
