Capítulo 103: Turisteando

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Poco a poco las nubes comenzaban a retirarse dando paso a la oscuridad de la noche.

Cuando escampó la lluvia, el mecánico apareció.

Efectivamente, lo hizo justo después de que la lluvia bajara su intensidad.

Me pregunto por qué todos los mecánicos lucen siempre de manera parecida.

El nuestro era obeso, usaba un overol manchado de grasa y una gorra color rojo.

El mecánico revisó el auto y después de quince minutos y un pequeño informe de lo sucedido usando muchos términos automotrices que no conocía, nos dio el veredicto:

─Tendría que llevármelo a mí taller señorita, aquí no podré trabajar, allá tengo todo lo necesario para repararlo.

─¿Cuánto tiempo le tomaría? ─preguntó la chica.

─Lo más probable es que quede para mañana al mediodía ─respondió.

─¿Mañana?

─Es que el golpe que se dio fue muy duro señorita ─respondió el mecánico─ Tomará algo de tiempo.

─De acuerdo ─la chica suspiró.

─Mi pueblo no queda muy lejos ─nos dijo─ Llamaré a que traigan la grúa para que se lleven el carro.

Media hora después, la grúa llegó, anclaron el vehículo y se llevó el auto de Mayra.

Nosotros nos fuimos en la parte de atrás de la grúa.

Llegamos al pueblo del mecánico cuando ya era de noche.

Este pueblo también era pequeño y estaba rodeado de varios cerros.

Tenía de hecho, la misma configuración urbanística que la mayoría de los pueblos aledaños a Yatareni.

En el centro, una plaza central con áreas verdes.

A un lado la iglesia, siendo la edificación más prominente de todo el pueblo, demostrando la importancia que tiene la religión para los habitantes.

Del otro lado, la presidencia municipal y alrededor de todo eso, un anillo de negocios, mercados y demás comercios.

Más allá se extiende la zona habitacional, racimos de calles y callejones que desaparecen en los límites del pueblo.

Y a las afueras, el panteón, algunas canchas, parques más pequeños y casas solitarias, cada vez más alejadas del núcleo que se pierden entre los cerros.

Sin embargo, desde el momento en el que entramos, me llegó la sensación de que conocía aquel lugar, pero no sabía explicar por qué, y no era por lo que había mencionado antes.

Recorrimos algunas calles y llegamos al taller del mecánico.

No estaba tan alejado del centro del pueblo.

El mecánico acomodó el auto en su taller, listo para trabajar con él.

─Venga mañana a mediodía por su auto señorita ─nos dijo el mecánico─ Le quedará como nuevo.

─Muchas gracias ─agradeció Mayra y nos despedimos.

Salimos de ahí, pero creo que ninguno de los dos sabía a dónde ir. Estábamos en un pueblo desconocido.

De hecho, no sabíamos exactamente donde estábamos porque ni siquiera sabíamos el nombre de aquel pueblo.

Supongo que fue por inercia, pero nos dirigimos al centro del pueblo, aunque no específicamente a la plaza.

Yatareni (PRIMERA VERSION)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora