Capítulo 43: El chico canadiense

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Para Jim, de 17 años de edad, toda aquella gente que se manifestaba contra su padre y sus hombres le parecía más que nada, curiosa.

No le llamaban tanto la atención su vestimenta tradicional aunque sí le resultaba un poco extraña, ni tampoco el idioma en el que se comunicaban ya que él también tenía conocimiento del español.

Era más bien, su inconformidad.

Él había nacido y se había criado en Canadá, en la provincia de Saskatchewan. Proveniente de una gran familia de empresarios y hombres de negocios, desde el inicio de su vida estuvo acostumbrado a una vida de un gran poder adquisitivo, como consecuencia de todo aquello.

Pero también de mucho movimiento, porque la familia viajaba mucho.

Por las empresas que establecían sus familiares, principalmente en Latinoamérica, llegó a conocer todas las naciones que conforman la región y eventualmente, terminó familiarizándose con todas sus costumbres, pero nunca se interesó más allá de eso.

Y por esa misma razón tampoco perdía el tiempo haciendo amigos que sólo vería por pocos meses para después nunca más volver a verlos.

Su padre, un rico empresario en el área de la minería llamado Howard Stevens, había fundado varias compañías mineras a lo largo y ancho de todo centro y Sudamérica.

Muchas veces estas mineras se asentaban en zonas rurales y siempre sucedía que, aquellos lugares se urbanizaban de una manera impresionante, pero a costa de que los habitantes perdieran muchas de sus costumbres y su modo de vida.

Pero a Jim no parecía importarle esto, o no parecía percatarse de ello, él solo sonreía con satisfacción porque pensaba que su padre era una especie de salvador, enviado para civilizar a toda esa gente que vivía aun en la miseria.

Y también, era frecuente que algunas veces, los pobladores se opusieran a la construcción de las minas, pero no siempre eran los pobladores los que salían ganando.

En México no fue la excepción.

Jim seguía sin entender por qué la gente se reusaba a aceptar el cambio de estilo de vida que su padre les ofrecía con la construcción de la minera, ¿Por qué se negaban a aceptar el progreso?

No hacía mucho tiempo que llegó en compañía de su padre y su hermana dos años menor que él, y hasta ese día jamás había salido de su base, su pequeño "pedazo de Canadá" como él solía llamarle.

Aquella base, era el campamento donde vivían, de manera temporal, los trabajadores y todo el personal involucrado en la construcción de la mina, era una especie de ciudad pequeña y desmontable, conformada principalmente por autobuses caravana.

Su padre no hacía mucho tiempo que había sido consciente de la falta de amigos de sus hijos.

Aunque a su hija menor, llamada Rebeca no parecía llamarla la atención en lo más mínimo los nativos, Jim era más curioso.

Así que, a diferencia de otras ocasiones en las que no dejaba que salieran de la base, esta vez, permitió que los dos chicos salieran y conocieran el lugar donde vivirían temporalmente, más que nada, con la intención de que hicieran amigos, recomendándoles por supuesto no alejarse tanto para que no se perdieran.

Al parecer su padre no era consciente del dilema de su hijo, Jim no quiso discutir con su padre acerca de la fugacidad de las amistades que pudiera llegar a hacer y solo se limitó a hacerle caso porque no quería estar cerca de su hermana, la cual definitivamente nunca abandonó la base.

Por esa razón Jim acompañaba a su padre al mitin que se celebraba en la plaza central de Yatareni, sin embargo, no estaba del todo cerca, precisamente por si la situación se salía de control.

Yatareni (PRIMERA VERSION)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora