Capítulo 113: El inicio de la aventura

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Finalmente, el día que todos esperábamos con ansias, había llegado.

Debo de admitir que, así como se emocionaría un niño cuando le dicen que lo llevarán a un parque de diversiones, así me encontraba yo, o mejor dicho, así estábamos todos los chicos.

Creo que ninguno se imaginaria que terminaría viajando hacia el país donde nació la cultura que nos gusta. Ni siquiera yo, que con mi carrera, tengo esa posibilidad.

Es una sensación indescriptible, me siento como un niño de nuevo y eso es realmente lindo.

Nos levantamos muy temprano, a eso de las cuatro de la mañana.

Ya estoy muy acostumbrado a levantarme temprano ya que mis tíos se levantan siempre a esa hora aproximadamente. Son muy madrugadores.

Los demás chicos se reunieron media hora después en casa de mi tía, junto con sus maletas.

A las cinco de la mañana, Mayra Páez pasó por nosotros con su automóvil deportivo.

Evangelina, la hermana de Angelina la acompañaba con su camioneta.

¿Por qué dos automóviles? Porque en la camioneta pusimos todo nuestro equipaje, ya que, de otro modo, nosotros no cabríamos en el auto de Mayra.

Había llegado la hora de irnos. Pero no me despedí de mi tía. Al menos no como debería.

Eso fue lo que me preguntó Araceli.

─Se supone que cuando regreses de Japón ya no tendrás que venir aquí ─me dijo─ Por algo me llevaré tus cosas a México.

─Planeo venir de todos modos ─respondí─ Para agradecerle a mi tía por haberme dejado vivir con ella y para despedirme de todos.

─Está bien ─me dijo la rubia─ De todos modos, ya sabes, me llevaré tus cosas a México en lo que tú andas turisteando allá. Así que cuando regreses, ya no las encontrarás.

─Y te lo agradezco.

─Eliseo ─increpó Mayra Páez─ ¿Realmente está bien que dejes que se lleve tus cosas?

─Ella se ofreció ─contesté─ O mejor dicho, originalmente había venido a eso.

─Pensaba que nos acompañarías al aeropuerto Polly Pocket ─le dijo Martina.

─No, que flojera ─respondió─ Cuando se vayan regresaré a dormir, pero diviértanse... ¡Oye!

─¿Entonces regresarás mijo? ─me preguntó mi tía.

─Si tía ─respondí─ Quiero despedirme como se debe y agradecerle por todo.

─De acuerdo mijo ─respondió─ Te prepararé una última cena deliciosa cuando regreses.

─Gracias tía.

Mis tíos y Araceli nos desearon un buen viaje, Mayra arrancó y ambos automóviles dejaron Yatareni.

Aproximadamente a las siete de la noche, cuando ya estaba oscureciendo, llegamos al aeropuerto de la ciudad de México.

Ahora que lo menciono, casi todos los que me acompañaban jamás habían estado en la capital del país.

Quizá se sintieron como si hubieran llegado a Nueva York o algo así.

Sobre todo Martina. Veía cada edificio alto, cada negocio, cada oficina, cada parque, y demás cosas que jamás había visto ni en Yatareni, ni siquiera en Santa Miranda.

De algún modo, era otra vez una niña pequeña, inocente y curiosa.

─Entonces... ─me preguntó Mayra Palacios─ ¿Tú vives aquí?

Yatareni (PRIMERA VERSION)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora