Capítulo 73: El héroe

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Entre todo el baile y lo demás no nos dimos cuenta de cuánto tiempo había pasado.

Solo hasta que el cielo comenzó a oscurecerse.

Mayra Páez aún no llegaba de Sayula.

Naturalmente estábamos preocupados, sobretodo porque, ella misma había dicho que no le tomaría más de dos horas volver, y sin embargo, llevaba más de tres horas ausente.

─Le hablé a su teléfono ─comentó Guadalupe─ Pero no contesta, parece que lo tiene apagado.

─Quizá no lo puso a cargar ─sugirió Gibrán.

─O quizá no hay buena señal donde está ─dijo Angelina.

─No lo creo ─replicó Gibrán─ Con eso de que tiene dinero, tiene un teléfono muy bueno.

─¿A qué hora comienza el vals? ─preguntó Mayra Palacios.

─A las nueve de la noche ─respondió Martina─ Ella tiene que estar aquí antes de esa hora.

─No tiene sentido ─dije─ Ella iba en el convertible de su madre, debería haber llegado desde hace mucho.

Luego, sentencié poniéndome muy serio:

─Tengo un mal presentimiento, si el vals es a las nueve, tengo unas dos horas para ir a buscarla.

─¿De verdad vas a ir? ─me preguntó Mayra.

─No podemos dejar a la quinceañera sin su último juguete ¿verdad? ─dije sonriendo.

No se me olvidará el rostro con el que Martina me vio, después de decir eso.

─Espera ─me dijo Guadalupe─ No puedes ir tú, tienes puesto el traje de cadete.

─Soy uno de los chambelanes ─respondí─ No podemos empezar el vals si alguien falta, y así como yo soy importante, creo que también el juguete de Martina es importante, si voy yo, así me aseguraré de que no inicien sin nosotros.

─Eliseo ─murmuró Mayra tímidamente─ ¿Tanto te preocupas por Mayra?

O eso me pareció oír, porque para ese momento ya había salido de la casa de la quinceañera.

Mientras tanto, adentro, todo transcurrió con normalidad.

***

Cuando recuperó la conciencia, poco a poco descubrió donde y en qué estado se hallaba.

Estaba atada a la base de un árbol con una cuerda bastante gruesa.

─¿Dónde estoy? ─murmuró confundida.

─Por fin despertaste ─se oyó una voz masculina.

Y Mayra se sobresaltó.

Reconoció de inmediato la voz, pero no quiso reconocer que se trataba de él.

─Estás muy bien vestida ─dijo─ ¿Ibas a alguna fiesta?

Cuando sus ojos se acostumbraron a la oscuridad, ella confirmó lo que más temía.

─Gustavo ─dijo la chica sollozando.

─Cuanto tiempo.

Uno de los primeros detalles que la chica pudo notar, era una gran cicatriz que nacía muy cerca del ojo izquierdo del chico y continuaba hacia abajo, hasta unirse con la comisura de su boca.

Debido a aquella herida, el ojo izquierdo de Gustavo permanecía entrecerrado.

─¿Qué te pasó en el rostro?

Yatareni (PRIMERA VERSION)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora