Dejé mis maletas en casa de mi tía y Mayra dejó su auto aparcado enfrente. Las dos Mayras, Gibrán y yo nos fuimos caminando. Llegamos al cerro, subimos por él y finalmente llegamos a la antigua base de SPEED, que ahora, tan solo era una vieja iglesia en ruinas.
Tal y como lo había dicho Mayra Páez, la iglesia otra vez estaba en el mismo estado que cuando vine por primera vez. Los libreros repletos de manga, los aparatos electrónicos, los muebles, las paredes falsas y todo lo demás se había ido. Lo único que permanecía era la techumbre y eso era porque había quedado íntegramente anclada a los muros del recinto.
Los cuatro sentimos una inmensa nostalgia en ese momento que se manifestó por medio de un gran suspiro.
Una leve y tenue llovizna como rocío comenzó a caer en todo el pueblo y sobre nosotros pero no le tomamos importancia.
En aquel momento Mayra Páez y Gibrán, como si se hubieran puesto de acuerdo, dieron un paso al frente, juntaron las manos como si fueran a rezar y se inclinaron levemente cerrando los ojos. Como un saludo japonés.
Y a una sola voz, dijeron:
─Gracias por albergar nuestra Sociedad. Te debemos mucho.
Al inicio Mayra Palacios y yo nos preguntábamos a qué venía eso, pero luego entendí que en efecto, había mucho que agradecerle a este lugar. Aquí habían sucedido muchas cosas divertidas, tristes y, tal y como dijimos en la graduación, también aprendimos mucho. Este lugar nos dio muchos momentos inolvidables.
Mayra Palacios y yo hicimos lo mismo, también nos inclinamos y los cuatro presentamos nuestros respetos a una vieja iglesia abandonada.
Así permanecimos como por treinta segundos.
Después de aquello, el primero en despedirse fue Gibrán.
─Me tengo que ir ─anunció─ Tengo que prepararme para mudarme a Sayula.
─Por supuesto ─le dijo Mayra Páez mientras se abrazaban─ Mucha suerte amigo.
Se despidió también de nosotros con un abrazo.
Cuando ya se estaba yendo, Mayra Páez todavía le deseó suerte con el nuevo negocio del que se encargaría.
Entonces se volteó e hizo algo que ninguno se esperaba.
Se quitó parcialmente sus anteojos oscuros, siendo esa la primera vez que lo veía hacerlo. Parecía más bien que lo hacía para mostrarnos sus ojos.
Unos ojos verdes que resplandecían como esmeraldas.
─Les aseguro que la Fonda de Comida Económica siempre será exitosa ─fue lo que nos dijo.
Acto seguido, se colocó de nuevo los lentes, dio la vuelta y se alejó por un sendero hasta que lo perdimos de vista.
Nos dejó sorprendidos por lo que hizo, o quizá porque nadie se esperaba que tuviera ojos verdes. Pero Mayra Páez era la que parecía más impactada.
─¿Pasa algo? ─preguntamos.
─Ese color no... no, no es nada, olvídenlo ─respondió.
Es curioso que ella, que lleva más tiempo de conocerlo, no supiera que sus ojos eran verdes. O esa fue la impresión que me dio.
Luego cambió de tema.
─Yo también tengo que irme.
Así que primero se dirigió a mí.
─Ha sido un placer Eliseo ─me dijo─ No creo que pueda disculparme lo suficiente por lo que te hice en Japón pero, realmente lo siento ─y me abrazó.
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Yatareni (PRIMERA VERSION)
Teen FictionEliseo es un egresado de la carrera de arquitectura que, contra sus propios deseos, tiene que mudarse a un remoto pueblito campestre mexicano llamado Yatareni, para trabajar como dibujante arquitecto, así que llega con la idea de que su estancia en...
