La idea de Gibrán fue inesperada. No, miento, lo íbamos a hacer en algún momento, y ya que estábamos cerca, iba a ser ese mismo día. Era inevitable.
Gibrán se adelantó y nosotros lo seguimos. Nos dirigimos hacia la chica maid que repartía propaganda en la calle.
Nos reconoció fácilmente como extranjeros y comenzó a hablarnos en ingles invitándonos a su restaurante al tiempo que nos entregaba a cada uno un volante, en inglés y japonés.
Curiosamente, cada tres o cuatro palabras, ella agregaba la frase "Nya" a modo de prefijo o sufijo. Y eso era porque, además del atuendo típico de maid que llevaba, remataba con unas orejas y una cola de gato.
En japonés se oye bien el nya, pero creo que en otro idioma ya no tanto.
─¿Quieren entrar? ─nos preguntó Gibrán cuando la maid le indicó que su restaurante estaba justo al frente.
─¿Enserio? ─preguntó Mayra Páez algo confundida─ ¿De verdad quieres entrar?
─Pues... comentó Martina─ Tenemos hambre pero ¿de verdad vamos a comer ahí?
─Creo que esta era una de nuestras paradas obligatorias ─afirmó Gibrán─ Recuerden que quizá no tendremos después una oportunidad como esta.
En eso tenía razón, ya estábamos en Japón, lo menos que podíamos hacer era aprovechar todo.
─Si ustedes quien entrar, entremos ─dijo Reiko─ Yo tampoco he ido a uno de estos así que, también me causa curiosidad.
─Ok, iremos ─respondí─ Pero ya desde este momento me sentiré incómodo.
Aquel local lucía un poco a la arquitectura japonesa tradicional de mediados del siglo pasado, como esperaría uno que luciría un restaurante típico japonés.
Excepto por los anuncios alusivos a las maids y todo lo que las caracteriza.
Al entrar, dos chicas que usaban el mismo uniforme que la de afuera, nos dieron la bienvenida muy cortésmente en japonés al tiempo que nos reverenciaban con sus vestidos. Ellas también agregaron la silaba nya.
Gibrán y Claudio se sintieron como si fueran miembros de la realeza que acaban de llegar a una lujosa mansión y fueran recibidos por sus sirvientas.
No sé cómo habrán reaccionado los demás pero en lo que a mí respecta, sentí un poco de pena ajena, pero no dejé que se notara.
Y más que pena ajena, fue la incomodidad. Lo había dicho antes, me incomoda que sean tan amables conmigo.
No entiendo del todo cómo es que hay personas a las que les encanta que los traten de este modo, sé que es algo que disfrutan, pero creo que no es lo mío.
Las dos maids nos condujeron a una mesa vacía en la que cabíamos perfectamente, ahí nos sentaron.
Acto seguido, nos entregaron el menú, venia escrito en inglés y en japonés.
Fueron muy rápidas, desde el momento en el que nos recibieron hasta cuando nos sentaron y nos dieron el menú.
Quizá estas cosas de los maids café sean solo actuación, pero admito que ellas parecían estar muy concentradas con su trabajo, supongo que no cualquiera puede hacerlo. Verdaderamente parecían de esas sirvientas de la época victoriana.
Una de las maids se alejó y la otra permaneció con nosotros. Vimos que se acercó a Reiko y ella le murmuró algo al oído.
Entonces la maid nos explicó el menú y todo lo que ofrecían... ¡en español!
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Yatareni (PRIMERA VERSION)
Novela JuvenilEliseo es un egresado de la carrera de arquitectura que, contra sus propios deseos, tiene que mudarse a un remoto pueblito campestre mexicano llamado Yatareni, para trabajar como dibujante arquitecto, así que llega con la idea de que su estancia en...
