Capítulo 56

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En casa, Isabel había preparado todo para tenerlo preparado para la noche, Marta e Ici, eran sabedoras de que iban a tener una cena que les hizo ilusión. Sabían que Natalia y Alba estaban con la niña por ahí. Así que fueron a casa y durante largo rato estuvieron hablando de la pareja con Rafi, la mujer, les contó cosas vividas por Alba en México, y así poco a poco fueron entendiendo que ella también había vivido un calvario, pero al mismo tiempo, Ici pensaba para sí que o Natalia reaccionaba para bien, o perdería a Alba pues la mexicana estaba dispuesta a todo por ella.

El timbre las sacó de sus conversaciones, subieron Alba y la niña con el vestido, les estuvo enseñando con ilusión aquel traje de pinsesa, así como les explicaba lo bien que se lo había pasado viendo a los patos y dándoles de comer, aunque sus mamis apenas habían hablado entre ellas.


Mientras Natalia llegaba a su piso y dejaba su vestido allí, al entrar, sintió nuevamente la soledad y la frialdad de su casa, comparada con aquella otra mucho más pequeña y sencilla, pero tan cálida, añoraba estar allí. Dejó el vestido sobre la cama, estaba segura que con él, llamaría la atención de Alba, lo había hecho a propósito, una especie de venganza que supiera la clase de mujer que había perdido. Tras un suspiro prolongado se miró en el espejo, largo rato, y trató de destruir aquella visión apartando de golpe aquel espejo que cayó haciéndose trizas.

Natalia: Mierda... si Lucy estuviera aquí me diría siete años de maldición, pero la mía me la echaron cuando te obligué Alba... y no hay más...

Pero entonces un recuerdo llegó a su mente fresco como la noche de invierno, fue al bolso y sacó aquella caja, después hizo lo propio con el anillo y finalmente resopló sintiéndose perdida. ¿Y si le pedía que fuera para hablar allí?, ¿y si le decía que al menos hablaran para arreglar las cosas?... sí era buena idea, antes de la boda, sin duda era lo mejor. Se levantó cogió el teléfono y llamó, pero le daba comunicando.

Natalia: Ya está hablando con ella otra vez (insistió y seguía comunicando) ¡Joder!, ¡joder! ¿por qué me mientes?, ¿para qué me das falsas esperanzas?, sigues jugando conmigo como te place, pero te juro Alba que no vas a salirte con la tuya (volvió a marcar y seguía comunicando ante su desesperación)


En casa, Alba hablaba por teléfono con Isabel sobre el catering, llevaba ya un buen rato mientras la niña les contaba las aventuras vividas en el parque, las mujeres sonreían ante las explicaciones divertidas de la pequeña.

La hora de comer llegó, y estaban esperando a Natalia, ante su ausencia finalmente Ici decidió llamarla.

Ici: ¿Qué pasa?

Natalia: Nada, me voy a quedar aquí, quiero descansar un rato (dijo con voz un tanto amarga y ganas de preguntar si Alba ya había terminado de hablar con aquella)

Ici: ¿Y comer?

Natalia: Luego me tomaré algo... tranquila

Ici: ¿Estás bien? (preguntó preocupada por la reacción de su amiga)

Natalia: Sí, perfectamente. Hasta luego

Ici: No viene (les dijo a las tres mujeres que esperaban su explicación)

Alba: ¿Por qué? (le preguntó con el ceño fruncido)

Ici: Dice que quiere descansar

Alba: No hay manera, sigue encerrada en su mundo y no hay manera de hacerle hablar, mira que lo he intentado ¿eh?, ni provocándola, ni con cariño, ni sorprendiéndola... nada es como si no quisiera ver que en realidad nos necesitamos, aunque tan solo sea para darnos la oportunidad de hablar

La apuesta (ALBALIA)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora