Capítulo 40

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Natalia acompañó a Candela hasta la puerta, Alba cerró los ojos de golpe, apoyó casi casi rozando la histeria la palma de su mano en la frente, después anduvo unos pasos frotándose las manos hasta que oyó cerrarse la puerta, pasar la llave y de nuevo las pisadas de Natalia volviendo al comedor. Al apagar la luz del recibidor, Natalia se quedó frente a Alba, nuevamente el silencio, mirándose nuevamente entre un pesado silencio.

No sabían qué hacer, ni qué decir, Natalia titubeo un poco, se sentía torpe, no sabía cómo actuar, así que murmuró algo que Alba no acertó a entender, pero cuando iba a encaminarse hacia el cuarto, Alba si acertó a detenerla, la miró, se miraron y sin decir palabra acercó poco a poco sus labios hasta la boca de Natalia que recibió aquel beso con un suspiro de pasión, sin despegar sus labios profundizaron el beso, Alba pasó sus manos por la cintura de Natalia obligándola a apegarse a ella, Natalia se dejó hacer, quería dejarse hacer, no quería más errores, Alba besaba, acariciaba y deseaba el cuerpo de Natalia, sus respiraciones se dispararon, las manos fueron llenándose de la otra piel. Las lenguas comenzaron a luchar por ganar la batalla de flores más bien librada, nunca una guerra pudo dejar tanto amor, nunca un beso pudo desencadenar tanta pasión.

Alba: Nat... Nat (le decía suspirando mientras Natalia recorría su cuello)

Natalia: ¿Qué? (le preguntó temiendo lo peor)

Alba: Vamos a la habitación (le decía entre suspiros y respiraciones desatadas)

Natalia:

Se pusieron en marcha, pero sin separar sus bocas, la ropa comenzó a sobrar en la misma puerta del comedor, al intentar pasar a la vez, tiraron la lámpara de pie al suelo, se miraron sonriendo, seguras, ambas, seguras de lo que hacían, los ojos les daban esas pistas que necesitaban saber. Natalia con agilidad metió sus manos por la falda de Alba, rozó sus muslos, aquellos muslos que tan solo había tocado una vez por aquella altura, pero que tan bien recordaba, tanto que aquel contacto no tuvo piedad, al rozarlos, Alba gimió entendiendo que su excitación iba en aumento con demasiada rapidez. Pero entonces, Natalia sacó las manos, apoyó a Alba sobre el armario, se miraban con los ojos sedientos, con las bocas humedecidas, rojas, carnosas como si fueran plantas carnívoras deseando llevarse su parte, y aquella parte no era otra que la de la mujer que tenían delante, Natalia que sabía dónde debía y cómo actuar, pasó la yema de sus dedos por los brazos de Alba, aquella caricia tan suave le produjo un suspiro mientras cerraba sus ojos, mientras Natalia ni parpadeaba no quería perder ni un solo gesto de su amada. Cuando llegó al cuello dio un paso metiendo su pierna entre la falda de Alba, quien entendiendo lo que quería, abrió más sus piernas, con lentitud acercó sus labios a ella, mientras con una mano subía la pierna de la enfermera por la cadera, Alba su contrincante, que fue una vez y en ese instante era su más tierna aliada, seguía dándose y recibiendo, entre suspiros, entre caricias, entre miradas que querían demostrar amor.

Con facilidad, Natalia aún con una sola mano y mientras continuaba besando a Alba le desabrochó la blusa lo suficiente como para que con su mano abierta cubriera por encima de la tela del sujetador el pecho derecho de una Alba que gimió con fuerza, apretó las uñas contra la espalda de Natalia y buscó con ansias nuevamente su boca. Era una batalla limpia, cada ataque era devuelto de igual manera, en aquel mar que se había vuelto turbio una noche en Jerez y por el que habían ido navegando entre tormentas llamadas celos, entre huracanes llamados odio y ahora en aquel instante en que Alba bajaba la pierna y empujaba a Natalia hacia la cama, el mar estaba entregado a una marea de pasión claro y transparente que dejaba ver el fondo que no era otra cosa que el amor que llevaban en su corazón.

Natalia: Albi... cariño (le musitaba jadeante)

Alba: Mi amor (le susurraba mientras le desabrochaba el pantalón con ansia y dejaba a su mano penetrar entre la braga y su piel logrando un susurró en Natalia porque tuvo que sellar sus labios para no despertar a toda la finca por el placer que sintió) Nat... Nat...

La apuesta (ALBALIA)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora