Capítulo 61

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Mientras en Madrid, Isabel estaba apurada en casa de Alba, iba de un lado a otro algo nerviosa, con un vaso de agua y un gesto de preocupación marcado gravemente en su rostro.

El aire de la montaña, el color del sol, el olor a pino y hierba fresca, envolvió a la pareja que disfrutaba de ver como su hija con cada cosa se encantaba.

Alba: Sin duda ha salido a mi hermano en esto

Natalia: ¿Sí? (la miró sonriendo)

Alba: Completamente, de pequeño le encantaba ir al bosque con mi padre, disfrutaba con todo lo que había en la montaña y la niña es igual (decía con una dulzura entregada a su hija)

Natalia: Da gusto verla (le impactó volver a reencontrar a esa Alba que tanto había amado, dulce y tierna, entonces saludó sonriendo al ver como la niña les había cogido unas flores silvestres) Está disfrutando

Alba: La verdad que... (miró a Natalia fijamente, pero ésta esquivó la mirada) Que sí, da gusto verla

Nati: Toma mami (le dio un puñadito de flores y un beso)

Alba: ¡Pero qué flores tan bonitas!, gracias cariño

Nati: Toma mamá, son pada ti (repitió la misma acción que con Alba)

Natalia: Muchas gracias son casi tan bonitas como tú

Alba: ("Jo, jo, jo, jo, que me voy... Alba que se lo ha dicho a la niña") ¿No tenéis hambre?

Nati: Chi, tetas ma dicho que teno que come cane como vosotras

Natalia: ¿Carne?, vale... (sonrió "no si hasta a la niña la tiene bien enseñada... joder como se le transparenta la falda esa cuando se pone al sol")

Alba: A mí me parece una idea estupenda

Nati: Chi (entonces se puso en medio de las dos y se cogió de sus manos sonriendo) Mis mamis lindas

No dijeron nada, tan solo se miraron y sonrieron.

Mientras ellas comían distendidas, mientras Natalia le contaba porque así se lo había pedido Alba sus aventuras cuando era pequeña en Jerez, y con las risas de las tres, transcurrió una comida distendida donde los ojos de las adultas habían dejado a un lado esa sombra y duda, con la que se habían encontrado por la mañana, para pasar a unos ojos repletos de calma y ternura.




En Madrid, Ici y Marta entraban a toda prisa en casa de Alba, sus caras serias junto con la de Isabel muy preocupada se fueron hasta la habitación de Rafi.


Después de comer llegaron hasta su casa nuevamente, entraron porque se había vuelto un poco de fresco y decidieron abrigar un poco más a la pequeña. Natalia estaba agachada cara a la chimenea cuando sintió como unos ojos la estaban vigilando, se giró pensando en su pequeña y lo hizo con una sonrisa, entonces, se encontró con otros ojos que la miraban con una devoción que le hizo quedarse inmóvil ante aquella mujer y aquella sonrisa, ante aquella mujer y aquel amor que sin tapujos del que le estaban hablando aquellos dos ojos que no titubearon ni un segundo, que no se apartaron de aquellos otros dos que tras un tímido suspiro huyeron nuevamente hasta la leña, se pasó la lengua por sus labios, se le habían quedado secos, al igual que la garganta, mucho más cuando oyó de su voz decir.

Alba: Tenía muchas ganas de volverte a ver así (Natalia no dijo nada, ¿qué podía decir?, ¿que no la creía?, ¿que ella también tenía ganas de estar así. De pronto su voz volvió a embriagarla) Te quiero.

La apuesta (ALBALIA)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora