Capítulo 23

2K 79 12
                                        


Subieron la escalera en silencio, delante Alba, detrás Natalia quien no podía apartar sus ojos del ligero y hermoso movimiento de su trasero. Al llegar a la habitación, Alba entró primero, dejó la puerta abierta para que entrara Natalia.

Natalia: Vas a ponerte el vestido que has traído

Alba: Pues sí Nat... ¿o qué quieres que baje con vaqueros? (le preguntó molesta)

Natalia: Solo era una pregunta

Alba: Sé lo que tengo que hacer... y si no te importa voy a ducharme

Natalia: De acuerdo... te espero aquí, ¿puedo?

Alba: Haz lo que te dé la gana

Natalia: No me pidas eso

Alba: Cuando hablas así... te abofetearía muy a gusto

Natalia: Debe gustarte pegarme, si mi memoria no me falla me has dado 3 ostias, ¡todo un récord!

Alba: A mí tampoco me gusta la violencia... ¿era eso lo que dijiste, ¿no?

Natalia: ¿Para defenderte tienes que sacar a la luz aquello?

Alba: No, me defiendo

Natalia: Tienes miedo Alba... miedo a enamorarte de mí

Alba: Sí... mucho miedo Nat (le dijo irónicamente) Me repatea ese lado tuyo

Natalia: Ayúdame Alba... no me des de lado por tu miedo... si yo te ayudo al final, las dos seremos felices... (se acercó a ella mirándola fijamente con una luz cegadora) No calles tu corazón

Alba: ¿Qué crees que dice mi corazón? (la miró con los ojos repletos de ira) ¿Crees que me dice que te quiera?, no Nat... no sé cómo decírtelo... antes en la Bodega te hubiera apartado muy a gusto... pero no quiero molestarte, sin embargo, no me dejas escapatoria, ¿no lo ves?

Natalia: Lo que veo es otra cosa Alba

Alba: No Nat, lo que ves tú... no tiene nada que ver con lo que siento yo... estás ofuscada y te lo juro Nat... no quiero hacerte daño (le insistió con pena)

Natalia: Arréglate... o llegaremos tarde (le dijo girándose)

Alba: Nat...

Natalia: Por favor

Había cerrado los ojos ante las palabras de Alba, se sentía herida y ridícula, pero era inevitable para ella callar por más tiempo aquello que pensaba, podía decirle que no la amaba, pero sus ojos le decían otra cosa, pero ¿cómo cambiar el pensamiento de una mujer que cree odiarla?, debía tener paciencia, se lo repetía una y otra vez, paciencia... mucha paciencia. Decidió, bajar a tomarse algo, de pronto se le había secado la garganta. Cogió un zumo de naranja que Lucía solía preparar cuando ella estaba en casa y se subió, al pasar por el cuarto de Lucía no puedo evitar la tentación de cómo hacía tantas veces, entrar.

Natalia: ¡Lucy! (pero no obtuvo respuesta) ¿Lucy estás aquí? (el silencio fue su respuesta, entonces se acercó a aquella Imagen que ella misma le había regalado de Santa Lucía, se detuvo en el pequeño altar que su tata le tenía puesto con todo el cariño del mundo, con unas rosas frescas que todas las mañanas recogía y su manojo de hierbabuena, al verlo sonrió)

Lucy: No podía ser otra que tú (le dijo amable)

Natalia: Quería verte (le dijo tratando de borrar el dolor de sus ojos, sabía que nadie la entendía como ella)

La apuesta (ALBALIA)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora