23.

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—Vuelve a repetirlo —USA miraba a México con seriedad.

—¡Ya, wey!

—¡Repítelo! —exigió—. O Austry te suelta a Lily, la ponzoñosa.

—Oye, no le hables así a mi bebé —acarició a su arañita de vivos colores.

—¡Pinche gringo, ya me disculpé!

—No es suficiente —se cruzó de brazos—. A ver, de rodillas.

—Tas pendejo.

—Entonces repítelo.

—Bien.


México había estado lidiando con el gringo por dos horas, con Australia una hora, y con las burlas de Nueva Zelanda por otra más. Fueron los obstáculos a superar para ver a su maplecito. Pero lo valía. Todo por su Canadá.


—Yo, Estados Unidos Mexicanos, prometo ya no decirte "gorda amargada", o cualquier insulto parecido o con intenciones de ofenderte —hizo una mueca al escuchar las risas de Nueva Zelanda—. Además, prometo no volver a quejarme cuando tus dos hermanos vayan de visita a mi casa... MI casa —les miró feo, pero los otros dos ni se alteraron.

—Recuerda que Susy se incluye.

—¿Quién chinga'os es Susy?

—Sigue, que me aburro —exigió USA.

—Va —suspiró el tricolor—. También cuidaré que Canadá coma bien, y que desayune waffles o panquecitos con miel extra para que conserve su dulzura y sus nalgas.


Le lanzaron un zapato. Australia y Nueva Zelanda estaban riéndose, pero USA era el serio ante la situación. México solo maldijo entre risas, porque no podía evitar molestar a USA mientras se pudiera.


—Su dulzura, solo su dulzura.

—Bien, continúa.

—Que no voy a volver a dejarle marcas en su bonita piel, que si me lo cojo será en secreto.


Otro zapato, esta vez una bota para ser exactos, y más risas por parte de Nueva Zelanda. Australia ya se puso de parte de USA, así que mejor se ponía serio.


—Una broma más y te suelto a los perros.

—Uy, ¿acaso está el tripalosky por aquí?

—¿Quién? —fue el coro de los tres angloparlantes.

—Bien, continúo —México suspiró—. Me voy a comportar y no seré un alfa bruto, voy a tratarlo como a una flor... ¡No! Mejor como a un mazapán... Sí... un mazapán sería correcto.

—No sé qué es eso, pero si es frágil, cuenta.

—Lo voy a mimar todos los días, le acompañaré a los juegos de hockey de su equipo favorito, me aguantaré las caminatas sin protestar, aceptaré tener un lobo de mascota y tal vez un oso..., es discutible.

—No lo es —Australia se ofendió—, ¿qué te pasa? Cachorros son cachorros.

—Bueno ya, ambos, serán ambos —siguió México—. ¿Qué me falta? ... Ah sí... No voy a ser celoso ni territorial, voy a cuidar a Hub como a mi hijo, aunque el chamaco me saque de quicio a veces. Y... voy a amarlo de por vida. Amén.

—Bien —suspiró USA, aunque seguía sin gustarle todo ese asunto.

—Aceptable —susurró Australia.

—Ñe —añadió Nueva Zelanda

—Bueno, ya que todos están felices. ¡ME VAN A DECIR DONDE CHINGA'OS ESTÁ MI MAPLECITO!


Algo que Canadá adoraba, eran las manos suaves de su madre cuando le repasaban los cabellos. Se sentía tan tranquilo así. Hasta olvidó el golpe con un duro baguette que lo recibió en casa, aunque, debía admitir que se lo merecía después de haberse comportado de esa forma tan deprimente.

Llegó con su madre ya casi en los huesos, además de ojeras, y señales de síndrome de abstinencia, así que sí, su madre tenía todo el derecho de enojarse con él. Pero lo bueno de su madre, era que después solo lo escuchó, lo aconsejó, y lo consoló durante el tiempo que debía hacerlo.

Ahora estaba bien.

Fueron tiempos difíciles, pero pasarían.

Solo necesitaba tener buena voluntad.

Y fe.

Y a su madre.


—Aun tienes el toque, cariño —Francia rio mientras dirigía la labor de la cena para ambos.

—Me enseñaste bien, mamá.

—Ahora puedes casarte y tener una familia.

—Mamá —sonrió antes de suspirar—, por favor, sin bromas de ese tipo... Aún me duele.

—Cierto —le acarició la mejilla—, además, ya criaste a Hub y a tus provincias, así que familia ya tienes.

—Me pregunto cómo estará Hub. Voy a visitarlo cuando vuelva.

—Y hablando de eso, ¿cuándo piensas volver a tu casa?

—No lo sé.

—Y no me refiero a tu casa en tierras canadienses.

—¿Entonces a cuál?

—A la que compartes con México —le sonrió con dulzura.

—Mamá, eso no pasará.

—Cariño, soy tu madre, escuché tu historia, y jamás me diste una pista de que tu novio latino se hubiese desenamorado o aburrido de su relación, es más, hasta creo que todo esto fue una estupidez... Como cuando UK intentó darme celos —rio entre dientes—, pero el asunto es sobre ti y México.

—Pero él me terminó.

—Y cuando vuelva por ti..., debes hacerlo sufrir un poco.

—Él no...


El timbre sonó, qué oportuno, o más bien dicho, justo a tiempo, tal y como Francia lo planeó junto a su hijo mayor.

Ay, le encantaban esos dramas románticos. Así que lo estaba disfrutando, y de paso acompañaría a su hijo en ese bonito reencuentro y reconciliación.


—Ve, cariño, yo cuido de la salsa.

—Pero es tu casa.

—Solo ve.


Canadá negó, porque a veces no entendía a su madre, así que solo obedeció, además, no quería otro golpe con un baguette duro.

Esperaba fuera su padre, le gustaría verlo un rato, así que...


—¿Mexique?

Dulzura [México x Canadá]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora