Bienvenidos al Mundo del ISO (International Security Organization)
Una joven mujer se adentra al Mundo del ISO pasando por diferentes situaciones tras conocer a dos hombres.
Hombres cuya inteligencia y preparación sobrepasaba a cualquier ser humano...
Tomen en cuenta la Advertencia del CAPÍTULO anterior por favor. ●•Disfrútenlo•●
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— Espera a que llegue la noche — me acerqué a su oído — tú sabes que no te negaría nada, pero no lo incites porque no quiero nada con Brant, William — susurré acariciando su mejilla — Me estás exponiendo al peligro pese a saber que se gusta de mí, y que nos quedaremos los dos aquí.
— No sabes cuanto me alegra escucharte decir eso — detenidamente me miró a los ojos — ...y eres una aburrida. Jugar con sus sentimientos prometía diversión.
— Y tú un inmaduro — doblé los ojos — pero me gusta, no, me encanta este inmaduro, bipolar, egocéntrico, vanidoso, narcisistas y posesivo, William — sonrió ampliamente.
— Sí, lo sé — me bajó y llevó su mano al borde de mi bikini.
— Basta — dije consciente de que si algo despertaba en su entrepierna, no me libraría de su arrebato sexual — No todo es sexo en esta vida — hablé cuando su sonrisa se torció creando las obvias películas que pasaban por su mente pervertida.
— Me vale mierda lo que tu boca niegue, cuando sé lo que tus labios quieren. — guió mi mano a su falo sobre el bañador — tócalo con detenimiento y concentración, y te darás cuenta como palpita y crece con tenerte cerca.
— No tienes remedio, William — me jaló del pelo con suavidad.
— Tú eres mi remedio, Agnes. Deseo que la metas hasta en donde no debes — ¿acaso me estaba insinuando una fantasía bastante perturbadora?
— Déjame decirte algo — levante mi barbilla con superioridad — Jamás, pero jamás me darás por donde insinúas. — continué — Independientemente que yo acepte tal cosa. Esto...— la presioné y tensó su mandíbula sin dejar de sonreír — no está preparado para dar por allí. Y de todos modos, ni si la hubieras tenido más pequeña, no conmigo William — sonreí cínicamente apartando mi mano.
— Claro que pasará... — afirmó mi teoría —...te follaremos juntos, al mismo tiempo, y te va a gustar tanto. — mordisqueó mi mentón — que me pedirás que te lo haga una y otra vez — ejerció fuerza en mi cabello. — no porque lo creas indecente o inapropiado, sino porque es parte de un trío. Es parte de la naturaleza de nuestra relación.
— En tus sueños — le dije segura sonriendo.
— En mis sueños tu elijes la esencia del lubricante y ruegas que te dé una y mil veces hasta que te acostumbras al monstruo.
— Maldito cerdo asqueroso. Déjame — me removí de su cuerpo riendo —¡Suéltame! — Lo hizo.
— Guardemos fuerzas para esta noche — lo que él no sabía es que ya me estaba palpitando el punto sensible — Sube — se giró y me monté a su espalda.