Extra: 13 de agosto de 1944

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13 de agosto de 1944

Querido George:

Si has recibido esta carta es porque algo terrible me ha sucedido. Espero que nunca tengas que leerla, pero un mal presentimiento me ha acompañado desde que embarqué. Tengo la sensación de estar asfixiándome y llevo cuatro noches teniendo la misma pesadilla. Mis compañeros dicen que seguramente esté mareado y eso sea todo. Ojalá tengan razón. De todas formas, necesitaba desahogarme y es por eso que le he pedido a Gordon papel y un bolígrafo prestado. Aunque sabes que las palabras no son lo mío, espero alcanzar un resultado decente como mínimo. Llevaré esta carta escondida bajo la ropa, justo encima del corazón. Se convertirá en mi escudo y me dará la tranquilidad de llevarte siempre a mi lado.

Cada mañana, mi primer pensamiento es hacia ti. Es horrible no poder verte, no poder sentirte y ni siquiera poder enviarte una carta por el peligro que supondría. ¿Dónde estás? ¿Te encuentras bien? ¿Tienes frío? ¿Te acuerdas de mí? Las preguntas se agolpan en mi mente y siempre se quedan sin respuesta. Mis compañeros siempre le escriben a sus novias y esposas, y ellas les devuelven con cada carta un pedacito de su hogar. Los envidio. Cada vez que llega el correo, me alejo. Recibir una sola carta tuya me haría volver a tener fe en este mundo. Lo que son las cosas. ¿Por qué la gente no puede amarse en libertad, pero sí asesinar a la vista de todos? Castigar el amor con más dureza que la violencia es lo que nos ha conducido a esta situación. Nos llaman enfermos. No lo somos. Los enfermos son los que manejan los hilos de esta guerra y envían a cientos de jóvenes a sus muertes desde sus mansiones. Estos últimos años he visto cosas muy duras... Espero que no hayas tenido que vivir nada similar.

Ahora mismo nos dirigimos al sur de Francia. Dicen que será una victoria fácil. ¡Qué gran mentira! No existen las victorias fáciles. Nunca sabes cuándo una bala tendrá tu nombre escrito. Últimamente pienso mucho en el destino. Antes solía creer que el destino lo escribía uno mismo, ahora, que me siento tan impotente, creo que no tenemos poder sobre nuestras vidas. Somos troncos a la deriva, y estos años nos han tocado aguas revueltas. No podemos hacer más que esperar a que amaine la tormenta. La guerra es extraña. Saca lo mejor y especialmente lo peor del ser humano. He hecho cosas que nunca imaginé que haría. De pequeño me preguntaban qué quería ser de mayor. Convertirme en soldado nunca estuvo en mis planes. Soy una persona tranquila, o al menos solía serlo, pero esta guerra ha logrado que no me reconozca. Me ha robado mi identidad. ¿Qué veré al llegar a casa y mirarme en el espejo? La guerra pone a prueba constantemente mi moral. Espero que algún día, pueda juzgarme sin abochornarme de mis acciones. No puedo salir indemne de esta guerra. Me conformo con sobrevivir y sentir que he actuado de la mejor manera posible dadas las circunstancias.

Pienso mucho en mi hogar y en mis padres. A veces recibo cartas de mi madre, más de las que yo envío. Siempre las termina con la misma oración: «estoy orgullosa de ti». Ella no lo entiende. Nadie que no lo haya vivido lo puede entender. De todas formas, agradezco que me escriba. A veces me siento muy solo incluso estando en un barco rodeado de compañeros hacinados. También me acuerdo mucho de mis amigos. La guerra ha logrado dividir lo indivisible. ¿Qué será de nosotros? Sé que Luca está en algún lugar de Italia. Mi madre me lo dijo. Espero que se encuentre bien. Logrará sobrevivir, estoy convencido. Luca es más fuerte de lo que él mismo cree. Es valiente, resistente y nunca se ha rendido. Lo conozco desde que nació y es prácticamente un hermano para mí, por eso sé que si alguien es capaz de salir de este infierno y resurgir de las cenizas es Luca. Tiene esa entereza que a Anthony le faltaba. Al menos tengo el consuelo de saber que Jacob se encuentra a salvo en Nueva York.

Acaban de anunciarnos que pronto apagarán las luces. No quiero terminar esta carta. No quiero ponerle un punto y final. George, volverte a ver es un sueño que cada vez percibo como más lejano. Tu imagen se me escurre entre los dedos y temo que caiga en las garras del olvido. Cuando tengo miedo de olvidarte, te recuerdo paseando con tu bufanda azul, tomando un café en el Divine Art o sonriendo aquel día que fuimos al parque y me impediste arrancar una margarita. Me dijiste que todas las vidas son valiosas. Lo son. Ese miedo a olvidarte, a ser olvidado, a no ser más que una diminuta pieza de este gran rompecabezas, se me pasa en cuanto recuerdo el sabor de tus besos. Nuestro amor puede superar cualquier distancia. Sigue siendo tan puro como el primer día. Es eterno e incondicional. Es hermoso, aunque nos haga sufrir. Es lo que me da el coraje que necesito para enfrentarme a el terror de despertar cada día en esta maldita guerra. Es lo que le da sentido a mi vida. Cuando nos volvamos a ver, George, no me importará cuanta gente nos mire, me dará igual que me traten de enfermo, dejaré que nos desprecien y nos escupan, pero nada podrá impedir que te bese en los labios como debía haber hecho aquel día en la estación.

Te amo y te amaré siempre.

Eternamente tuyo:

Giovanni

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