Aunque debía haberse ido apenas acabado el encuentro, el marqués no lo hizo. Se quedó despierto hasta que la reina se quedó profundamente dormida en su pecho. La apartó con tanto cuidado como si fuera un tesoro a punto de romperse y se dirigió de manera sigilosa a la puerta, solo que antes de abrir el pomo se giró.
Se giró de una manera prohibida como Orfeo al mirar a su esposa sabiendo que así quedarían condenados para toda la eternidad. Gilbert, quien era todo un experto en el mundo clásico no pudo sentirse más identificado. El cuerpo curvilíneo y adictivo de su reciente amante se encontraba sobre el mullido colchón, como un ángel. Su corazón palpitó más fuerte de la cuenta, tanto que incluso pudo escucharlo en su mente, jamás se había sentido tan tentado, tan débil ante una adversidad. Había sobrevivido a la guerra sin apenas darse cuenta y ahí estaba, en una pequeña casa en mitad del campo rendido ante los pies de María como si de Dios se tratase.
El adulto no pudo resistirse y se acercó al colchón, abrazó su cuerpo de forma casi necesitada y ella se acurrucó sobre sus manos. Sus cuerpos encajaron a la perfección como un puzle, como si siempre hubiesen estado hechos el uno para el otro.
Al día siguiente en Versalles todo parecía normal y monótono, nadie podía imaginarse que posiblemente acababa de pasar uno de los mayores chismes en toda la historia desde Madame de Pompadur. Auguste llevaba a sus hijos de la mano a la gran galería de arte del palacio.
-Y esta es la tía Adelaide, retratada como si fuera Diana.
Los niños miraron el hermoso cuadro, lo cierto es que Adelaide había sido una mujer muy hermosa en su juventud, o al menos, mucho más hermosa que sus hermanas quienes siempre habían sido mucho menos agraciadas que ella... Y que casi toda la corte.
-¿Ese es José?-preguntó la pequeña señalando un cuadro.
El rey se acercó hasta la obra que la pequeña señalaba y miró la pintura pues sí era cierto que era muy parecido a su hijo, sonrió ligeramente al ver la pintura.
-No, ese soy yo... Cuando era pequeño.-las palabras sonaron en su propia cabeza, miró a su hijo, dándose cuenta del enorme error que había cometido al solo escuchar los rumores de Versalles.
El pequeño levantó la vista y sonrió, subió los brazos para que su padre lo cogiera en brazos pues el benjamín de la familia real estaba más cómodo en brazos de sus padres o sus tíos que andando.
-¡Mira!-exclamó la pequeña señalando hacia otro cuadro.
El rey cogió a su hijo en brazos para acercarse hasta el grabado que su hija señalaba, era mucho más pequeño que los demás y estaba algo escondido, pero su atención estaba centrada en él.
-Esos somos mamá y yo, fue el mismo día que Luis XV murió y supimos que nosotros seríamos los siguientes reyes de Francia.-explicó su padre agarrando de nuevo la mano de su hija.
-Que guapa está mamá.
-Deberíamos hacerte uno a ti, ¿Te parece bien?
La pequeña se giró emocionada y asintió repetidas veces abrazando la cadera de su padre, este sonrió acariciando su peluca, Auguste no era como la mayoría de hombres en Versalles o incluso de toda Francia. Él disfrutaba de estar con sus hijos todo el tiempo posible, quizás fuese porque el trabajo le impedía verlos la mayoría de los días e intentaba compensarlo con aquellos días especiales. Cuando acabaron de visitar la galería, era hora de que asistieran a sus clases por lo que el rey decidió llevarlos hasta allí para pasar algunos minutos más a su lado.
-Entonces Jules y yo fuimos a ver que ruido era el del jardín. ¡Y era un conejo blanco! El conde Fersén nos ayudó a sacarlo y lo dejamos en el petit.-charlaba la pequeña sin parar.
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María. (TimePrincessGame) Terminada.
أدب الهواةHistoria basada en el video juego TIME PRINCESS. Ante todo esta es una historia de ficción.
