El marqués y la reina caminaban por las calles, el olor a comida y vino indicaba que se acercaban a las posadas. María caminaba observando su alrededor, la misión era muy importante, pero estaba muy agradecida de poder vivir ese día junto al marqués en las calles.
Las tiendas abrían intentando que algún cliente comprase algo para poder comer ese día, y aunque el ambiente era movido, la gente era realmente amable, se sonreían los unos a los otros y se ayudaban, cuanto tenían que aprender de ellos todo Versalles.
-Majes... María, debemos entrar en la posada, es casi la hora.-habló el marqués.
María giró la cabeza y puso su mejor cara de pena, no quería irse, quería seguir finjiendo que tan solo era María, una chica caminando por las calles de París en busca de quizás comprar algún sombrero. Era normal que la gente de a pie se imaginasen a ellos mismos siendo reyes, gozando de todos los privilegios existentes, pensando que no había una vida mejor que aquella. Pero María sabía que la corona no era más que una cárcel de lujo donde debía ser una marioneta a gusto de los nobles. Pero en esas calles se estaba descubriendo a sí misma, le gustó tanto que no quería volver, aquello era mucho mejor que cualquier baile o banquete, era al libertad.
La joven pensó una excusa viable que le diese algo más de tiempo, sus ojos pasaron por una tienda de telas donde hacían vestidos a medida y ciertas prendas ya confeccionadas como pañuelos o medias.
-¿Cree que podríamos entrar ahí antes? Me haría mucha ilusión, me gustaría comprarle un pañuelo a la duq... A Gabrielle, siempre los pierde y lleva mucho buscando uno de algodón que le guste.
El marqués suspiró, pero no podía decirle que no a María, y de eso era plenamente consciente María. Esa era la razón por la que no le había pedido que anulara su viaje a las Américas para casarse con aquella muchacha, pues sabía que solo tenía que pedirlo para que él se quedase a sus pies. Pero al fin y al cabo, María sabía que era donde el marqués debía estar.
-De acuerdo, pero no debemos demorarnos demasiado.-comentó el marqués de manera seria, tal y como él era.
María sonrió de oreja en oreja mientras caminaba hacia la tienda, y tal era su alegría que se la acabó contagiando al marqués. La joven movió la puerta y un ligero sonido tintineante gracias a una pequeña campana que estaba colocada arriba de la puerta sonó indicando su presencia.
La dueña se giró dejando un sombrero recién terminado en una especie de maniquí, era una muchacha de edad parecida a la de María, su pelo castaño iba recogido en un moño y vestía de manera muy elegante.
-Bienvenida. ¿Puedo ayudarle en algo?
María sonrió y entró observando las telas, era una tienda realmente encantadora decorada con flores y pintada completamente de blanco, muy pequeña, pero sin duda realmente acogedora.
-Buenos días, venía buscando un pañuelo. ¿Podría bordar las iniciales aquí? Es un regalo para una buena amiga.
La dueña asintió con una sonrida, el marqués se quedó en la puerta esperando a que María terminase de comprar, suspiró sabiendo de sobra que tardarían mucho más de lo que le había prometido y sus ojos pasaban vagamente por las telas. Las jóvenes miraban telas tras telas, algunas estaban bordadas con flores de colores, otros eran suaves y otros estaban perfumados con esencias florales.
-¿Acaban de mudarse? Nunca les había visto por aquí.
María tragó saliva, pero asintió con una sonrisa. No quería decir mucho más sobre ella, pero la energía de aquella mujer le transmitía paz.
-Sí, así es.
-Encantada de conocerla entonces, mi nombre es Agathe Dobuis, mi marido es arquitecto y yo me dedico a esto, siempre ha sido mi sueño.
ESTÁS LEYENDO
María. (TimePrincessGame) Terminada.
FanfictionHistoria basada en el video juego TIME PRINCESS. Ante todo esta es una historia de ficción.
