María II

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Opción B: Quedarse

Final alternativo

La joven negó con la cabeza. Levantó los brazos para agarrar las mejillas de Gilbert y lo miró a los ojos. El dolor, el cansancio y la humillación se dibujaban en el rostro de María.

-No.-respondió.

Gilbert casi tenía una mano por sus rodillas y la otra por su espalda para poder alzarla, pero su negación hizo que parase.

-¿Qué?

-No puedo irme.

Gilbert se alejó unos pasos mientras miraba a la joven, no podía creer sus palabras. Sintió como su mundo paraba en ese segundo. Nada tenía sentido si María no estaba a su lado.

-María, debemos irnos rápido.

-No Gilbert, no puedo irme. Soy la reina de Francia. Y moriré como tal. No puedo dejar que todo acabe así.

El corazón del marqués se rompió. Se rompió pues había visto en su mente la vida que tendría con María. Había sido feliz. Había sonreído y su corazón estaba lleno. Pero todo se derrumbó. El marqués se alejó lentamente mientras miraba al suelo. Una lágrima caía por su mejilla, la limpió rápidamente, los ojos de María se cristalizaron a la vez.

-María...

-Cuida de mis hijos... Cuida... De nuestra hija.

Los ojos del marqués se levantaron para observar a la reina de nuevo.

-María, por favor...-suplicó el adulto, se hubiera puesto de rodillas si hubiese visto un atisbo de arrepentimiento en ella, pero no lo hizo.

La reina se colocó en pie con dificultad mientras se acercaba al marqués. Ambos se fundieron en el abrazo más doloroso que jamás se habían dado y se quedaron ahí por unos minutos.

-He sido increíblemente feliz a tu lado.

-Eres mi tesoro, María. Mi vida y todo mi amor.

La despedida fue tan dolorosa para el alma que se recordaría hasta el fin de los tiempos, María aún sentía en su pecho el calor de todos sus seres queridos. Los pasos del marqués salieron torpemente de la celda. Aquel era el destino de María, ante todo era la reina de Francia. Así debía acabar.

Pero ese dolor nada tuvo que ver con el que estaba por venir.

No fue hasta la mañana siguiente que un par de soldados se dignaron a pasar por la celda. Al ver como María había dado a luz se pararon para interrogarla.

-¿Y el bebé?

María abrió los ojos con pesadez, aún era casi de noche, su cuerpo se sentía tan cansado y adorolido que apenas podía moverse. Cogió aire y negó con la cabeza. La placenta había salido de su cuerpo, pero su vientre aún abultado daba por hecho que la criatura había salido de ella.

-Mi hija nació muerta.-respondió.-Su nombre es Sofía. Sofía de Borbón.

Los soldados se miraron, tuvieron que hacer algunos trámites para poder dejar por escrito la muerte de la princesa, la última princesa de la dinastía, la última hija de los reyes de Francia había muerto con quien acababa su estirpe.
María ya no estaba embarazada, por lo que no había ninguna razón para mantenerla con vida.

Unas criadas lavaron a María, la prepararon, maquillaron y colocaron las joyas que ella ordenó. Aglaè cepilló su pelo entre lágrimas, había intentado convencer a la reina una y otra vez, pero sus intentos cayeron en saco roto. Pero su final estaba sellado, la joven se miraba al espejo. Al menos, moriría con dignidad.

María. (TimePrincessGame) Terminada.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora