-¡Duquesa!¿Qué hacen aquí? ¿Quién es esta joven?
Maríasubió la vista, sus ojos azules se toparon con el azul de los suyos.Los de María desprendían un halo de inocencia, dulzura y bondad.Mientras que el rostro del marqués desprendía severidad ydisciplina con un semblante tan frío que incluso llegaba a serabrumador.
-Ellaes María, la delfina de Francia.
Elmarqués abrió los ojos como platos, tras asegurarse de que la jovenestaba bien corrió a realizar una reverencia.
-Madame.
Maríarepitió la acción y el marqués se puso en pie, debía tener unostreinta años, pareció volver a su seria actitud como siempre.
-¿Quéhacían corriendo por los pasillos como dos chiquillas? Esas no sonactitudes propias de la duquesa de Polignac ni de la futura reina deFrancia.-las regañó el adulto.
Maríamiró a otro lado algo avergonzada, aunque el marqués tenía razón,no era nadie para regañarla, aún así prefirió callar y aceptar elsermón.
-Perdónenos,uno de los cachorros de Auguste salió corriendo y...
-¿Auguste?Madame de Polignac le ruego que deje de llamar a las personas como sifueran sus amigos, este es el palacio de Versalles, compórtese comouna dama o tendrá que marcharse por donde ha venido.
Gabriellemiró al suelo avergonzada, incluso parecía a punto de llorar. Esohizo que a María le hirviese la sangre.
-Eh,creo que no es necesario amenazar a nadie.-respondió la joven consus ceño fruncido.
-Perdonemi tono, jamás se ocurriría amenazar a la duquesa. Era solo unaadvertencia. Madame de Polignac sabe que le tengo un gran aprecio aligual que a su marido.
Unospasos avanzaron por el pasillo hasta llegar al grupo de las tresfiguras.
-Alguienha perdido un perro.
Unjoven apuesto caminaba con el cachorro en brazos, tenía el pelonegro atado en una coleta baja, iba vestido como un noble, pero conaccesorios que denominaban que era un caballero.
-¡Dean!-exclamóMaría.
Eljoven le devolvió el cachorro a su dueña con una amable sonrisa.Los ojos de Layafette rodaron hacia un lado y negó con la cabeza.
-Mealegro de verle, conde Fersen.
-Lomismo digo, Gilbert. ¿Quién es esta apuesta señorita?
Lasmejillas de María se encendieron, el acento sueco el joven era capazde derretir hasta el más robusto carácter. El marqués de Layafettese dio cuenta y negó lentamente con la cabeza.
-EsMaría Anonieta de Austria, la delfina de Francia y su futura reina.
Eljoven se colocó sobre una rodilla, agarró una de las manos de lajoven posando un suave beso en sus nudillos.
-Madame.-sonrió.
-¡Perocuánta gente bella hay aquí! ¿Puede un pobre esclavo del señorunirse a este espléndido grupo?
-Hola,Leonard.-saludó Gabrielle.
-Sime disculpan, tengo obligaciones a las que responder, buen día.-sedespidió el marqués con una reverencia y salió de allí mientrascaminaba a paso recto.
Todosmiraron hacia la amplia espalda del marqués, su figura se ibadesvaneciendo por las lujosas paredes de Versalles.
-SantoPadre del cielo.-rezó Leonard.-Este hombre ha sido enviado por losmismos dioses para alegrarnos la vista.
-Queexagerado eres Leonard, en fin, un placer conocerla Madame, la verémañana en su boda.-se despidió el conde besando de nuevo su mano.
Losojos verdes de Fresen se posaron en ella haciendo que las mariposasvolvieran a brotar en su estómago.
-¿Boda?¡Oh Dios mío! Mi señora, perdóneme, no sabía que usted era ladelfina.-se disculpó el joven sastre besando ambas manos de lajoven.
-Nose preocupe, creo que todo el mundo aquí tenía otra visión de mí.
-Noes eso, es que es usted mucho más bella que lo que cualquiera aquíse hubiera podido imaginar. Además estaba algo ocupado acabando suvestido para mañana. Deberíamos ir a probarlo.
Esanoche fue la primera que María durmió lejos de casa, y la únicaque no dormiría con el futuro rey. Se sentía algo sola, dio vueltasy más vueltas en la cama, estaba algo abrumada, rezó y dio lasgracias por encontrar a Gabrielle y a Leonard. El sueño le rindiófinalmente y se quedó dormida antes de lo que tenía previsto. Laluz del sol la despertó, vio que ya había movimiento por toda lahabitación, las criadas iban de un lado a otro.
-¡María!Estás despierta. Buenos días, ¿Disfrutando de tu último día desoltera?-bromeó Grabielle.
-¡Madame!-MadameDeniau llamó su atención.-Buenos días alteza, es hora vestirlapara su boda.
Maríaapenas creía que iba a estar casada en solo un par de horas, solohacía una semana correteaba por Alemania. Mientras sus criadasabrochaban su apretado corsé, María volvió a ver el amenecer comotantos días le quedaban en aquella habitación, los tonosanaranjados calmaron sus nervios y volvió a posicionar la cabezabien alta, como su madre le había enseñado.
En menos de lo que pensó caminaba agarrada del brazo de su abuelo camino hacia el altar, sus piernas temblaban, todo Versalles lamiraban atentamente, su prometido la esperaba en el altar, vestidocon una alta peluca blanca y un traje dorado, como si fuera un pavoreal seduciendo a la hembra, él también parecía incómodo aunquehubiese nacido y crecido entre aquel lujo y derroche.
María se sintió completamente abrumada y mareada durante toda la ceremoniae incluso el banquete, llegó la noche, vistió con un camisón deseda de color blanco y el pelo suelto sin ninguna peluca o peinado.Su marido también se acercó a ella vestido con otra especie decamisón. Aquella ceremonia era la más incómoda por la que debíande pasar, todos los nobles los observaban a los pies de la camamientras que ellos se acostaban uno al lado del otro.
-Que Dios bendiga este matrimonio.-finalizó el rey y junto a los demásnobles salieron de allí.
Ninguno de los jóvenes decía nada, solo miraban el techo, los suspiros deambos se mezclaban con sonido de los pasos alejándose de lahabitación.
-Hoy estabas... Preciosa.-finalizó el joven.
-Gracias, vos también lo estabais.
Lajoven se puso de lado, cogió aire, era el momento de que pasase deniña a mujer, esa vez de verdad, miró a otro lado, pero su maridono se movía de su posición, al no volver a decir palabra, Augustese giró hacia ella. Ambos quedaron delante del otro.
-Buenas noches mi reina.-murmuró su marido.
Justo después besó su frente y volvió a tumbarse mirando al techo. María parpadeó un par de veces, su marido cerró los ojos dispuesto a dormir, ella quedó atónita, tantos consejos que Gabrielle le habíadado para aquella ocasión resonaban en su mente como una cajita demúsica en una habitación totalmente vacía. "Relájate,si te pones nerviosa te dolerá más" "Ruégale a tu maridoque sea gentil" "No te muevas de la cama cuando acabéis,eso hará que os quedéis embarazada más fácilmente". La joven llegó a pellizcarse el brazo para despertarse de nuevo esedía. Pero no solo no se despertó, sino que aquella costumbre sealargó por días, los días pasaron a semanas y las semanas a meses.
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María. (TimePrincessGame) Terminada.
Fiksi PenggemarHistoria basada en el video juego TIME PRINCESS. Ante todo esta es una historia de ficción.
