El regalo, la boda y el retorno

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Un mes más tarde, como casi todas las noches la joven jugaba a las cartas con sus aristócratas amigos, habían cogido la costumbre de jugar acompañados de champán y dulces con tanta extravagancia que casi no cabían en la mesa. Gabrielle soltó con ánimo las cartas sobre la mesa dejando ver que había ganado.

-¡Estaba a punto!-exclamó María entre risas mientras soltaba sus cartas. 

Volvieron a repartirse nuevas cartas y el juego volvió a empezar. El reloj marcaba las 00:00 iniciando un nuevo día, pero las responsabilidades matutinas de todos los presentes se vieron eclipsadas por la agradable noche de ocio. 

-¿Cuándo estará listo todo lo de mi boda?-preguntó Josefina que gracias a su nerviosismo, era obvio que aún no dominaba el juego.

-Las bodas aquí tardan mucho en prepararse, al menos otro mes.-informó Gabrielle mientras ordenaba las cartas en orden ascendente, ese era su truco para tantos afortunados juegos donde conseguía llevarse una fortuna que conseguirían sanar los gastos de su marido.  

El juego siguió avanzando, la puerta sonó y la figura de su alteza Luis-Auguste entró en aquella amplia habitación. Se acercó a su esposa poniendo las manos sobre sus hombros.

-Vaya, esto se ha convertido en una rutina.-rio el joven, pues Auguste no solía frecuentar esos sitios junto a su familia y amigos, en su lugar prefería quedarse en la biblioteca leyendo hasta tarde o dando un paseo después de sus pesadas reuniones que hacía que la cabeza le doliese y sus piernas solo le exigiesen andar. 

-Vamos, únete, no seas cenizo.-se quejó su hermano bebiendo del champán.

Las mejillas de Luis estaban rojas debido a la bebida, rio con sus amigos ante la broma de haber llamado "cenizo" a su alteza real. Pero el corazón de Auguste carecía de cualquier rastro de maldad por lo que solo forzó una sonrisa para ocultar su cansancio. 

-He estado muy ocupado durante todo el día, quizás otra noche. Ahora debo ir a dormir, solo he venido a ver si mi esposa me acompañaba, pero veo que estás ocupada y que la suerte te está sonriendo.

-Oh, alteza, quédese solo una partida.-rogó Gabrielle. 

-Prometo a todos los presentes que no tardaré en unirme a ustedes una noche, pero hoy estoy exhausto. 

-Ya ha dicho que no, cállate ya.-replicó el marido de Gabrielle rodando los ojos, no era algo poco común la forma que tenían de comunicarse a base de repliques y malas formas. 

-Cállate tú y vete a casa con los niños.-contestó ella de mala gana. 

-Ese es tu trabajo.-replicó él de nuevo bajo la mirada de todos.

Pero en ningún momento era una discusión agresiva pues todos los presentes sabían que su ella y su marido se amaban de esa manera, eso explicaba el tercer embarazo de Gabrielle pese a que solo llevaban cuatro años casados. 

-Mi trabajo es hacerle compañía a la reina. 

-Claro, oh madame, tenéis vos un trabajo tan sacrificado que apenas puedo ponerme en vuestro lugar.-bromeó el adulto a lo que todos los presentes rieron. 

Gabrielle sacó la lengua y echó una carta a la mesa. María se giró para ver a su marido y sonrió. 

-¿Me dais suerte?-preguntó acercándole las cartas. 

El joven besó su manojo de cartas y tras despedirse de todos volvió a la habitación. La noche tardó en terminar para los presentes, eso hizo que María se despertase obligada por Madame Deniau. 

-Alteza esto comienza a preocuparme, deberíais tomaros vuestras labores más en serio. 

María volvió a bostezar mientras sus damas la ayudaban a vestirse. Estaba cansada. No solo por no haber dormido correctamente la noche anterior. Estaba muy cansada, de todo. De tener que dar explicaciones, de sentir la mirada juzgadora de las damas de la corte al ver como su amiga iba por el tercer embarazo y sin embargo, su barriga solo crecía debido a las amplias y despilfarradas comidas del palacio. Estaba harta, cada vez más. Cuando se terminó de vestir, la puerta sonó y un personaje muy amigo de su esposo entró en la habitación y tras una profunda reverencia y se acercó a ella. 

María. (TimePrincessGame) Terminada.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora